MISA Y SEPELIO
• A 10 se oficiará la misa en la capilla de avenida Sarmiento y Rivadavia y el sepelio será a las 11 en el Cementerio del Oeste.

Como pescadora de almas, era paciente y optimista, sabía esperar el momento de la transformación del corazón. Ayer, a los 94 años, la madre Marta Campi dejó sin consuelo a sus Hermanas Dominicas del Santísimo Nombre de Jesús.

Había nacido en Tucumán, el 23 de abril de 1923, hija de Lorenzo Campi y de María Teresa Romany, ambos provenientes de los Pirineos franceses, y creció con otros nueve hermanos en una casa de barrio Norte.

Luego de realizar sus estudios primarios ingresó al secundario en el colegio Santa Rosa, en 1937, y allí alimentó su deseo de ser religiosa. En la universidad comenzó el profesorado de Matemáticas, abrazó con fuerte compromiso el apostolado de la Acción Católica y hasta llegó a ser dirigente. Pero la vida religiosa pudo más y a los cuatro años de vida universitaria, a fines de 1944, entró al convento de las dominicas.

Hizo sus votos el 30 de abril 1946 y fue destinada al colegio Santa Rosa junto a sus compañeras de noviciado, las hermana Inés Heredia Valentié y María Teresa Quijano, quienes también habían sido alumnas del Santa Rosa. Se desempeñó en distintos momentos como profesora de Matemáticas, Física, Química y Catequesis en el secundario. También fue preceptora del secundario, lo que le permitió acompañar de cerca de las alumnas.

Fue asesora de la Acción Católica del colegio y luego secretaria del secundario. En 1956 fue nombrada maestra de novicias y se trasladó a la Casa Madre. Allí estuvo 13 años dedicada a la formación de las futuras religiosas y llevando una intensa vida de contemplación.

Regresó al colegio en 1969, al ser nombrada rectora del secundario. Junto con ella estaba un un grupo de hermanas jóvenes: Teresa María Gallardo, Liliana Badaloni, María del Carmen Ocampo, Cristina Rodríguez y Luisa María Vaquel, quienes se sumaron a los proyectos que llevaban las hermanas Sofía Cuelo Díaz y Clara Rodríguez. Eva Cullel de Alonso era su gran colaboradora. La hermana Marta acompañó a las maestras y profesoras en todo momento. Fue priora de la congregación durante 12 años y miembro del equipo de gobierno 30 años. Esto la llevó a participar en la Orden Dominicana general.

“La vida de Marta Campi se entronca en una genealogía de mujeres herederas e iniciadoras de un camino espiritual que impregnó la vida de muchas generaciones en Tucumán. Esta genealogía se remonta al siglo XIX, a Elmina Paz de Gallo y varias mujeres fundadoras de conventos y colegios, emprendedoras, que con libertad y autoridad generaron proyectos audaces; mujeres que inspiraron acciones transformadoras en distintas provincias”, señala la hermana Cynthia Folquer.

Su personalidad alegre, activa, creativa y recta, fue un pilar para incontables tucumanas. “Me sorprendía su memoria, el cariño con que me recibía aun ya muy grande”, dice Roxana Ocampo. “La madre Marta siempre participaba de las actividades de las ex alumnas que organizábamos. Era una mujer presente en todo”, recuerda Sandra Suasnábar, que cuyas hijas también estudiaron en el colegio Santa Rosa. “Fue un gran referente para nuestras vidas, aun hasta el día de hoy”, confiesa la ex alumna Anita Kermes.