Para escapar de ella siempre buscó la fuente de la eterna juventud. Cirugías estéticas, cosméticos antiarrugas, vestirse como jóvenes son algunas estrategias para disfrazar los años caminados. Pero tarde o temprano, con o sin aditivos, la vejez llega para unos como una desdicha, para otros como un momento de experiencia y sabiduría. “El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo que hace es mejor”, afirma Marco Tulio Cicerón, mientras que la novelista Ágata Christie decía con humor: “Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará”. El costado desdichado es cuando al adulto mayor se lo margina y se lo maltrata.

Se recordó ayer el Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez, instituida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuyos objetivos son fomentar la conciencia pública internacional sobre los problemas ligados a la violencia y los abusos contra las personas mayores, y promover la investigación y la formación sobre esta cuestión, entre otros. El organismo internacional calcula que la población mundial de las personas de 60 años o más llegará a 1.200 millones en 2025; se estima que entre el 4% y el 6% de las personas mayores de todo el mundo han sufrido alguna forma de abuso y maltrato.

La ONU ha señalado que el maltrato de las personas mayores es un problema social mundial que puede conducir a graves lesiones físicas y tener consecuencias psicológicos a largo plazo. Se prevé que aumentarán debido a que en muchos países el envejecimiento de la población se produce rápidamente. “Una vida larga es un signo de buena salud. El envejecimiento de la población mundial, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, es un indicador de la mejora de la salud mundial. La población mundial de 60 años o más es de 650 millones, y se calcula que en 2050 alcanzará los 2.000 millones”, asevera la entidad.

En nuestro país, el trato que se les brinda a miles de viejos refleja en muchos aspectos de la poca consideración que se tiene con ellos. Una de las conclusiones del 12º Congreso de Gerontología y Geriatría que tuvo lugar en Buenos Aires señalaba: “No estamos en un país en el que se planifiquen acciones para tratar mejor y cuidar a sus ancianos. No hay programación gerontológica en la Argentina”. Un especialista consultado por nuestro diario dijo que la indiferencia es una forma de violencia que afecta mucho a los mayores. “Pero la indiferencia no viene sólo desde la familia, sino también del Estado: a pesar de existir una sentencia judicial, el Gobierno no otorga el 82% móvil en las jubilaciones. Entonces, todos los miércoles vemos a los viejitos en la plaza y pareciera que nadie los escucha. Eso también es violencia y maltrato”, dijo el especialista.

Esta insensibilidad también la vemos en las largas e inhumanas colas que deben hacer los jubilados para percibir sus haberes, en lugar de aliviarles el mal trago, da la impresión que se busca hacerles más penosa la existencia. Pasan horas de espera en el Subsidio de Salud o les dan turnos para dentro de dos o más meses a los afiliados al PAMI, pero si pagan la consulta los atienden en el acto. Los salarios que percibe más del 70% de los pasivos son indignos. ¿Qué representante del pueblo vive con $2.757? Es, sin duda, un agravio a quienes han contribuido con su trabajo a la construcción de nuestro país.