El dolor puede deberse a diversas causas, pero el común denominador será siempre el impacto en la calidad de vida. Hay dolores que son circunstanciales, como el de una cirugía o el de una quemadura. Hay otros que son crónicos, como el de la artrosis, la lumbalgia o la neuralgia, donde el dolor está instalado. En el primer ejemplo el dolor es visto como un síntoma; en el segundo, como una enfermedad.

Si una persona sufre constantemente dolor cambia no sólo ella sino su entorno familiar. "Más allá del relato que pueda hacer el paciente, se puede valorar la calidad de vida con cuestionarios, preguntándole, por ejemplo, cómo cambió la situación familiar o social. Hay pacientes que cuando sienten dolor no quieren ver a nadie. Esto es grave porque con el correr del tiempo pueden volverse depresivos", asegura Erica Bernich, anestesióloga y presidenta de la Fundación Dolor, de Buenos Aires.

Los especialistas consideran importante que la persona aquejada por el dolor lleve una vida tan activa como sea posible, integrando sus aspectos físicos, psicológicos, sociales y espirituales.

Según el mal

El manejo del dolor dependerá de la enfermedad. En el dolor crónico benigno hay averiguar a qué se debe y se piden consultas con especialistas. En una cefalea crónica, por ejemplo, se pedirá una consulta con un neurólogo. En estos casos se hacen tratamientos con analgésicos por vía oral y eventualmente analgesia intervencionista. En un paciente oncológico se trabaja en forma interdisciplinaria: además del seguimiento del oncólogo, necesita cuidados paliativos, asistencia social y psicológica. En cualquier caso el fin es mejorar la calidad de vida.

"En la primera entrevista se le pregunta al paciente si duerme bien y cuáles son sus actividades diarias para ver qué deterioro tiene en su calidad de vida, que se busca mejorar. No nos planteamos el dolor cero, sino que tenga un sueño reparador. Si es paciente terminal, se colabora para que pueda hacer un duelo normal", explica Bernich.

Opción avanzada
El médico experto en dolor interviene cuando la dolencia del paciente no se soluciona con analgésicos comunes, y ni el clínico ni el traumatólogo pueden manejar.

El tratamiento del dolor es aún poco reconocido y por eso los pacientes no son derivados a tiempo. "Aún hay médicos que tienen prejuicios respecto del uso de opiáceos o carecen de conocimiento. Además, el tratamiento del dolor crónico benigno no es reconocido por el Programa Médico Obligatorio (PMO), como sí lo es el del dolor oncológico", advierte.

El dolor se trata según la escalera analgésica de la OMS: 1) los antiinflamatorios, 2) los opiáceos débiles y 3) los opiáceos fuertes, cuya droga patrón es la morfina. A lo largo de toda la escalera se usan otros coadyuvantes. Hace algunos años se agregó un cuarto escalón que son las prácticas intervencionistas (bloqueos analgésico-terapéuticos del lugar específico donde se origina el dolor).

Desventajas del reposo
"Antes el paciente hacía reposo, pero hoy se sabe que eso no es beneficioso porque los músculos dejan de funcionar. Por eso se recomienda hacer deporte de bajo impacto como la natación o técnicas quinésicas", indica Bernich.

En todo tratamiento, la contención familiar es fundamental, ya que muchas veces los pacientes se ven impedidos de realizar ciertas actividades. "Cuando uno logra que el dolor deje de ser el pensamiento principal el tratamiento es exitoso", relata la especialista.