
Los dos aviones Boeing 767 que embistieron las Torres Gemelas, que con sus 110 pisos eran los edificios más altos de Nueva York, lo hicieron con una diferencia de 18 minutos.
El primer edificio recibió el impacto a las 8.45 y ardió durante 102 minutos. A las 10.28, se derrumbó en 11 segundos. El segundo avión impactó a las 9.03. Resistió en llamas 56 minutos. A las 9.59, colapsó en 9 segundos.
Eduardo Kausel, ingeniero civil y profesor emérito en el Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), lideró una serie de estudios sobre las causas de los derrumbes.
Colapsaron, según el análisis, debido a dos factores:
* El severo daño estructural que causaron los choques de los aviones en cada edificio.
* La cadena de incendios a lo largo de varios pisos.
En este diagnóstico, los estudios del MIT, publicados en 2002, coinciden el reporte que entregó el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) al gobierno de Estados Unidos. “Sin incendio, no se hubieran derrumbado”, dice Kausel. “Y si hubiese sido únicamente incendio, sin daño estructural, tampoco se habrían venido abajo”, explicó.
Las torres estaban diseñadas para soportar el impacto de un avión Boeing 707. Tenían un diseño estándar en la década del 60. Cada edificio tenía en el centro un núcleo de acero y hormigón, que albergaba ascensores y las escaleras. Cada piso se formaba con vigas de acero que partían desde ese núcleo y se conectaban con columnas de acero para formar las paredes exteriores del edificio. El entramado de vigas distribuía el peso de cada piso hacia las columnas, y cada piso, a su vez, servía como un soporte lateral que evitaba que las columnas se torcieran.
La estructura de acero estaba recubierta por hormigón, que funcionaba como un protector en caso de incendio. Las vigas y las columnas, además, estaban recubiertas por una delgada capa aislante a prueba de fuego.
El impacto dañó las columnas y desprendió el aislamiento que recubría el entramado de vigas y columnas de acero. “El recubrimiento antifuego del acero se fracturó, con lo cual las vigas quedaron más expuestas”, explica Kausel. El daño abrió camino a las llamas, que a su vez iban causando más daño estructural.
“El fuego se alimentó de aire y por eso se propagó”, dice Kausel. Ese incendio descontrolado tuvo dos efectos principales. Primero, el intenso calor hizo que se dilataran las vigas y las losas de cada piso. Esto causó que las losas se separaran de sus vigas. La dilatación de las vigas también empujó las columnas hacia afuera. Hubo un segundo efecto: Las llamas comenzaron a ablandar el acero de las vigas, volviéndolas maleables.