Al paso de la caravana II

Al paso de la caravana II

05 Enero 2011
Control. Desde Colalao del Valle hasta el lugar por el que pasaron los vehículos, denominado La Banda, hay una distancia de cuatro kilómetros. Gendarmería cercó la ruta y controló al público. Cada tanto debió intervenir para apartar a algunos imprudentes que se acercaban demasiado.

Paella. La única hostería de la zona estuvo repleta el lunes y un grupo de huéspedes cocinó una superpaella. Otros visitantes pasaron la noche en casas de familia y en sus vehículos particulares. Muchos ni siquiera durmieron: aguantaron toda la madrugada guitarreando y comiendo asado hasta las siete de la mañana, cuando partió la primera moto.

Desde el aire. Un helicóptero de Gendarmería recorrió la zona durante la jornada, como apoyo para una mayor seguridad. Otro helicóptero, el de asistencia, realizaba piruetas en el aire mientras seguía a los pilotos. Algunas veces pasaba tan cerca del público que parecía que se venía encima, mientras le sacaban fotos.

Indispensables. No faltaron las cámaras de fotos -algunas de alta gama-, filmadoras y binoculares profesionales para apreciar la carrera con mayor cercanía y nitidez. Gorras, protectores solares, botellas de agua, parrillas y conservadoras también fueron indispensables.

Ruido. ¡Pará esa moto!, le gritó la gente a un gendarme motorizado. Era inminente el paso de la primera moto de la carrera y querían escuchar el ruido de su motor. ¡Allá viene! ¡Es Chaleco López! ¡Se quedó Despres! Eran las 7.42 y desde los cerros llovieron los aplausos y las primeras conjeturas.

Apoyo. A las 11.51 pasó por el lugar Reginato. ¡Vamos, Tucumán!, lo arengaban. El piloto circuló prolijo por La Banda, mientras recibía las palmas de los miles de aficionados.

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