Enseñame Tucumán: una semifinal con preguntas, pero también con historias de amistad y orgullo

Los celulares en alto, los mensajes de aliento y los abrazos después de cada respuesta también fueron protagonistas de la jornada.

VERDE ESPERANZA. El apoyo de las concursantes del Colegio Nacional Bartolomé Mitre en la redacción.
VERDE ESPERANZA. El apoyo de las concursantes del Colegio Nacional Bartolomé Mitre en la redacción.
Por Ariane Armas Hace 17 Hs

Resumen para apurados

  • Alumnas del Colegio Nacional ganaron la semifinal de Enseñame Tucumán en la redacción de LA GACETA, tras competir en saberes sobre la historia provincial.
  • Cinco parejas de distintas localidades y colegios disputaron la instancia acompañadas por familiares y amigos, tras semanas de intensa preparación académica y personal.
  • Las ganadoras avanzan a la gran final del certamen, que busca fortalecer la identidad local, visibilizar a escuelas del interior y fomentar la integración estudiantil.
Resumen generado con IA

Gael Zanzul es estudiante de quinto año del secundario, tiene una barbería y hasta da cursos. No obstante, por unas horas dejó por un rato las máquinas de cortar el pelo y sus clases para ponerse frente a las preguntas de Enseñame Tucumán. A unos metros estaba Leila Romero, su compañera del Instituto San Pablo Apóstol. Ella también sentía muchos nervios por la cámara. Pero sabía que sus amigas estaban ahí para acompañarla, aunque hiciera falta recordarle una y otra vez que confiara en sí misma.

La redacción de LA GACETA volvió a convertirse en escenario de una tarde especial. Las luces y los globos amarillos, azules, morados, verdes y rojos le dieron color a la segunda semifinal del certamen, esta vez con las parejas de quinto año. Pero el movimiento no estaba solamente en el estudio de televisión. Detrás de cada participante había padres con celulares en alto, compañeros que buscaban un lugar desde donde mirar y familiares que esperaban el momento de abrazar a los chicos.

Virginia había llegado especialmente para Leila. Son amigas desde hace cinco años y la semifinal coincidió con el cumpleaños de la estudiante. Para ella, no había mucho que pensar: quería estar presente en un día importante para su amiga. “Me gusta estar en sus días difíciles y cuando está estresada”, contó.

La conoce bien. Sabe que es inteligente, cariñosa y que, cuando algo la preocupa, puede ponerse muy ansiosa. También sabe cuánto se había preparado para llegar hasta allí. “Se dedicó mucho, tuvo que darlo todo por el curso”, recordó. Por eso, antes de conocer el resultado, ya tenía preparado un mensaje. “Si ella no se tiene fe, sus amigas vamos a tener la suficiente fe para apoyarla. Siempre voy a estar acá para ayudarla en todo lo que necesite”.

A pocos pasos, Mario Zanzul y Verónica Correa seguían a Gael con el orgullo de quienes todavía intentan entender hasta dónde llegó su hijo. Al principio, reconocieron, no habían dimensionado lo que significaba participar en el concurso. Sabían que era estudioso, que había sido abanderado en la primaria y que se había esforzado para adaptarse a la secundaria. Pero verlo llegar a una semifinal, entre tantas escuelas participantes, era otra cosa.

Gael tiene una vida bastante activa fuera del aula. A los 13 años estudió barbería y poco después llevó adelante su propio negocio y, además de atender, comenzó a dar cursos. Sus padres cuentan que tiene alrededor de 20 alumnos. Lo dicen con una mezcla de sorpresa y admiración, como si todavía estuvieran acostumbrándose a la iniciativa de ese hijo que combina el estudio con un emprendimiento propio.

En los días previos también habían buscado acompañarlo de cerca. Querían que supiera que no tenía que cargar con la presión del resultado. “Pase lo que pase, estamos orgullosos de él. Para nosotros ya ganó”, dijeron.

Los nervios también viajaron con Mía Candela Sierra González y Helena Brandán, las representantes del Colegio Nacional Bartolomé Mitre. Natalia y José Luis, los padres de Mía, habían visto a su hija bastante tranquila durante los días anteriores. Hasta que llegaron a la redacción. En el auto, cuando estaban por bajarse, aparecieron las primeras señales de ansiedad.

“Venía atrás con la mamá y le decía que ya estaba nerviosa. Tratábamos de calmarla”, contaron. La habían acompañado desde que anunció que quería participar y también la ayudaron a organizar sus horarios. Porque Mía no solamente tenía que estudiar para el certamen: entre sus actividades están el deporte y la acrobacia en tela.

SEGUNDA VUELTA. Bahiana y Lucía, de Yonopongo, concursaron otra vez SEGUNDA VUELTA. Bahiana y Lucía, de Yonopongo, concursaron otra vez

Sus padres sienten que la experiencia le dejó algo que va más allá de los conocimientos. La vieron animarse a ocupar otros espacios y enfrentar situaciones que antes podían resultarle difíciles. “Era un poquito más introvertida y este concurso la ayudó a enfrentar distintas etapas”, explicaron.

El acompañamiento también tuvo forma de amistad. En el Colegio San Isidro Labrador, Thiago Romero y Valentín Lizárraga contaron con la presencia de compañeros que no quisieron perderse la semifinal. Bautista López, Uriel Domene y Sergio llegaron para darles apoyo moral. Se conocen desde hace cinco años, desde que comenzaron el colegio, y esa historia compartida era suficiente para estar ahí.

Entre las cosas que destacaron del concurso apareció una que se repitió en otros testimonios: la posibilidad de que las escuelas del interior tengan mayor visibilidad y de que sus estudiantes puedan demostrar lo que saben sobre la historia tucumana.

Esa misma expectativa acompañó a María Lucía Córdoba y Bahiana Abigail Galarza Ganin, de la Secundaria de Yonopongo en Monteros, y a Ana Julieta Sánchez Medina y Ulises Usqueda, del Instituto Santa Bárbara de Concepción.

Ana estaba acompañada por su mamá, Ileana Medina, ya está acostumbrada a seguirla en sus distintas actividades. “Es un orgullo como mamá verla tan aplicada y acompañarla en lo que más le gusta”, contó. Además de ser estudiosa, practica vóley y viaja tres veces por semana desde Concepción hasta Monteros para entrenar. En su casa, los libros son una presencia cotidiana.

Lucía y Bahiana eran caras conocidos de la competencia porque fueron finalistas el año pasado y esta vez, además de sus seres queridos llegaron con su profesor de Historia, Matías Gómez, quien destacó el orgullo que representa para la institución rural haber llegado hasta esa instancia. Para él, participar también significa mostrar el trabajo que realizan las escuelas del interior, muchas veces lejos de los grandes centros urbanos. “Hay un trabajo arduo de las chicas, con muchas horas de estudio y de vinculación con la historia de Tucumán y nuestra identidad”, señaló.

Las cinco parejas llegaron a esta instancia después de un recorrido de estudio y preparación, pero también con el respaldo de sus comunidades educativas y de las personas que estuvieron pendientes de cada paso.

A medida que avanzaba la competencia, los celulares seguían registrando escenas. Una fotografía, un video, una mirada de complicidad. Los familiares querían guardar el momento y los amigos buscaban transmitir tranquilidad desde sus lugares. Después de las respuestas llegaban los abrazos, esos que no necesitaban explicaciones y que servían tanto para celebrar como para consolar.

Al final, Helena y Mía, del Colegio Nacional, se quedaron con la victoria. Pero para los demás participantes, la tarde también había dejado otras imágenes

La redacción volvió a llenarse de colores, pero buena parte de la luz de la tarde estuvo en esos gestos. En quienes se sentaron a esperar, levantaron un teléfono para sacar una foto o buscaron a los chicos apenas terminó la competencia. Porque, mientras ellos respondían sobre la historia de Tucumán, afuera de las preguntas también se escribía otra historia: la de quienes los acompañaron hasta allí.

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