Resumen para apurados
- Lucía y Solana ganaron la final de 4° año de 'Enseñame Tucumán' en LA GACETA, donde estudiantes compitieron para demostrar saberes sobre la provincia junto a sus familias.
- La preparación demandó meses de lectura y resúmenes compartidos. Las familias y docentes acompañaron a los alumnos, transformando los nervios ante cámaras en un logro colectivo.
- La iniciativa consolida la curiosidad por la historia regional, fomenta hábitos de lectura y refuerza el trabajo en equipo, proyectando un impacto positivo en la juventud local.
Lucía quería participar de Enseñame Tucumán, pero le faltaba una compañera que se animara a compartir el desafío. Buscó durante un tiempo hasta que convenció a Solana, su amiga de la escuela y también del ballet. Lo que empezó como una invitación terminó convirtiéndose en meses de estudio, conversaciones sobre Tucumán y una experiencia que las dos recordarán por mucho tiempo. Las alumnas de la escuela de Comercio Nº 1 General Belgrano llegaron a la instancia final y se quedaron con el triunfo en la categoría de Cuarto Año.
La amistad entre ellas ya era buena, pero sus familias notaron que se fortaleció durante la preparación. Patricia y Alberto Palavecino, los padres de Solana, vieron cómo su hija se comprometía cada vez más con el certamen. Al principio, contaron, no parecía sencillo convencer a alguien para participar. Lucía insistió y las dos se animaron.
Solana es estudiosa, tranquila, divertida y muy amiga de sus amigas. Le gusta el ballet y lo comparte con Lucía. Sus padres dicen que no suele aceptar ayuda para estudiar, pero que, una vez que asumió el desafío, cada vez le dedicó más esfuerzo. “Es brillante, la verdad que es brillante”, la describieron.
Lucía, por su parte, disfruta de participar, aprender y sumar a otros a las experiencias que le interesan. Sus padres, Elena y Carlos, contaron que estuvo mucho tiempo buscando a alguien que quisiera acompañarla. Para ella, lo importante no era solamente el resultado, sino vivir algo que pudiera llevarse como aprendizaje. La historia de Tucumán terminó atrapándola: cada descubrimiento la entusiasma y puede pasar días hablando de lo que aprendió.
El triunfo les dio un motivo más para celebrar. Pero la historia de las dos amigas también muestra una parte menos visible de estos concursos: el impulso que puede significar tener a alguien al lado, compartir las dudas y animarse a probar algo nuevo.
El orgullo
La redacción de LA GACETA se llenó de familias, conversaciones y colores. Globos verdes y morados se destacaban a un lado del salón; estrellas azules ocupaban el centro y un conjunto de globos rojos sobresalía hacia la derecha. Luces de distintos tonos bañaban las columnas y los sectores superiores, mientras una iluminación cálida caía sobre las mesas. Entre los carteles del programa y las plantas colgantes, padres, madres y allegados acompañaban a los estudiantes que habían llegado a esta instancia.
Para muchos, era la primera vez que veían a sus hijos atravesar una experiencia de estas características. El orgullo aparecía en los relatos sobre las horas de estudio, las materias preferidas y las pequeñas costumbres que cada familia conoce bien.
Eli Albarracín, mamá de Lourdes Sánchez Albarracín, del Instituto San Pablo Apóstol, contó que su hija se preparó mucho y que disfruta estudiar. El año pasado también había participado en certámenes de Matemática. Es curiosa, respetuosa y aplicada; cuando algo le interesa, busca información por su cuenta. “Usa el teléfono solamente para investigar, porque siempre quiere saber más”, explicó su mamá.
Para Eli, que Lourdes llegara a esta instancia fue motivo de emoción. También destacó el acompañamiento de la institución y de los docentes. Más allá de competir, dijo, la posibilidad de representar a su colegio ya era una experiencia valiosa.
Algo parecido ocurre con Juan Manuel, del Instituto Vocacional Concepción (IVC). Su mamá, Marcela Frontini, contó que es estudioso desde chico, respetuoso y dispuesto a aprender sobre distintos temas. La preparación llevó varios meses, con apuntes, resúmenes y cuadros que los estudiantes trabajaron con el acompañamiento de sus profesores.
Juan Manuel tiene una inclinación especial por la biología. Le gustan las plantas y los animales, y esa curiosidad también forma parte de su manera de acercarse al estudio. Durante el proceso, contó su mamá, se mensajeaba con su compañera para hablar de lo que estaban viviendo y de la posibilidad de avanzar. “Es un chico dulce, muy amoroso, cariñoso”, lo describió.
En el caso de Amarela, del IVC, la preparación empezó con la búsqueda de información y la revisión de los videos de la edición anterior. Sus padres, Paola y Paulo Villarreal, la describieron como una joven comprometida con todo lo que hace. Cuando asume una responsabilidad, dijeron, se dedica por completo.
Amarela es tranquila, divertida y alegre. Practicó danza durante muchos años, aunque su gran pasión es estudiar. Para sus padres, el certamen representa un desafío que le permite probarse en un escenario distinto. Está acostumbrada a presentarse ante el público por el baile, pero estar frente a las cámaras implica otra experiencia.
Horas de estudio
No todas las familias llegaron con la misma tranquilidad. Para algunos chicos, estar ante las cámaras y participar de una instancia decisiva también significó enfrentarse a los nervios.
Delicia Santillán, mamá de Pía, del Instituto Privado Famaillá, contó que su hija es tan estudiosa como tímida. Le gustan Historia y Geografía, pero también tiene otros intereses. Estudia japonés hace tres años y se está formando en repostería. La elaboración de alfajores, recordó su mamá, comenzó cuando tenía apenas seis años.
Pía pasó muchas horas estudiando para el concurso. La expectativa de participar la entusiasmaba, aunque los nervios también se hacían sentir. En su escuela, según contó la profesora de Historia Samara Luciana, la propuesta despertó el interés de todo el curso. Los estudiantes comenzaron a estudiar por su cuenta, surgieron preguntas y la preparación terminó convirtiéndose en un desafío compartido.
En la escuela de Comercio de Banda del Río Salí, Martina González también dedicó buena parte del fin de semana al estudio. Su mamá recordó que siempre fue aplicada y que participó en actividades escolares desde pequeña. Para ella, una de las virtudes del certamen es que incentiva a los jóvenes a leer y a dedicar tiempo a aprender.
Patricio Luna, su compañero, llegó con una exigencia propia que su mamá, Mónica Díaz, conoce bien. “Mamá, yo necesito participar”, le dijo cuando decidió sumarse. Es curioso, le gusta estudiar y se exige mucho, contó ella. La preparación fue intensa y, según relató, llegó sin dormir a la jornada.
En cada una de estas historias aparece una forma distinta de vivir el concurso. Hay quienes disfrutan de investigar, quienes encuentran en la competencia un impulso para estudiar más y quienes necesitan que un amigo los convenza para dar el primer paso. También están las familias que acompañan desde afuera, entre el orgullo, los nervios y la expectativa.











