Resumen para apurados
- En Río de Janeiro, vecinos de Rocinha votaron este domingo en los comicios presidenciales con desánimo, agobiados por la violencia de las bandas y la falta de respuestas.
- La histórica barriada de 100.000 personas sufre constantes tiroteos policiales y del narco, mientras otras regiones, como la Amazonía, priorizan las amenazas ambientales.
- La apatía ciudadana evidencia el reto para Lula o Flávio Bolsonaro de recuperar la confianza social y pacificar las zonas postergadas tras la definición electoral.
RÍO DE JANEIRO, Brasil.- Cansados de la inseguridad y la lucha por llegar a fin de mes, los habitantes de la mayor favela de Rio de Janeiro acudieron a las urnas, sin esperanza de que su voto cambie la realidad de esta enorme barriada ubicada en la ladera de una montaña.
Enormes filas se formaron en las calles en Rocinha, una comunidad de cerca de 100.000 habitantes, para la primera vuelta de las elecciones entre el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y el senador derechista Flávio Bolsonaro.
“Este país da un poco de vergüenza”, dice el jubilado Antonio Machado, de 70 años. “Los políticos solo te buscan en época de elecciones. Después, ni saben que existes”, se lamenta. Como muchos vecinos de Rocinha, Machado está harto de la inseguridad provocada por las bandas armadas que dominan la favela, lo que desencadena incursiones policiales frecuentes y a menudo letales en sus intrincados callejones. “No estás seguro en la calle. Ni en tu propia casa estás seguro. Estás en casa y entra una bala perdida”, comentó.
En la Amazonía, lejos de la enorme ciudad de Río de Janeiro, los indígenas se ilusonan con Lula y se preocupan por El Niño. “Es importante elegir a un candidato que defienda la naturaleza”, dice el jefe de la comunidad indígena amazónica de Três Unidos, Waldemir da Silva, para explicar su voto por Lula en las elecciones presidenciales brasileñas. A orillas del Río Negro, uno de los principales afluentes del Amazonas, su pueblo de 120 habitantes de la tribu Kambeba ha sufrido mucho en las últimas semanas por el humo de los incendios forestales. Y Silva teme que la situación empeore con el fenómeno de El Niño, que se anuncia particularmente severo este año en Brasil.
Incendios
“Los incendios perjudican la calidad del aire. Niños y personas mayores están en peligro de muerte, varios han tenido problemas de tos o de visión”, cuenta el líder comunitario, de 67 años.
Tatiane Costa, de 38 años, se preocupa por su hija, que estudia en Manaos, la mayor metrópolis amazónica, que el mes pasado fue cubierta varios días por una espesa nube de humo. “Me dijo que quiere regresar al pueblo porque había inhalado mucho humo”, relata.
Ayer, los habitantes de la comunidad Três Unidos tuvieron que recorrer 10 minutos en barco para votar en un pueblo vecino. En el trayecto, varios formaron una letra “L” con la mano para mostrar su apoyo a Lula frente a su rival conservador.













