Consumo problemático del celular en adultos: cómo afecta a la salud mental

Adolescentes con acceso a la pantalla del celular. AFP
Adolescentes con acceso a la pantalla del celular. AFP

El doctor en Psicología y Presidente de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM) Alberto Trímboli introdujo el concepto de "ciberlaxia" y advirtió cómo la hiperconectividad, la falta de descanso y la pérdida de límites entre la vida personal y laboral afectan la salud mental no solo de los adolescente sino también de los adultos.

Por Luisina Acosta Hace 3 Hs

Resumen para apurados

  • El psicólogo Alberto Trímboli advirtió hoy en Argentina que el uso problemático del celular en adultos daña la salud mental por la falta de límites y descanso.
  • A través del concepto de ciberlaxia, el experto describe cómo la hiperconectividad borra la frontera laboral y personal, generando una ilusión improductiva de disponibilidad.
  • El debate impulsa regular el derecho a la desconexión digital para que empresas y el Estado garanticen un descanso real frente a los cambios laborales previstos para 2027.
Resumen generado con IA

El mundo de las cosas encontró nuevas formas de representación en un universo digital construido con bits: unos y ceros que permiten codificar imágenes, sonidos e información. Ese entorno no se recorre de manera tangible, pero lo transitamos todos los días. Allí se forman comunidades, se hacen negocios, se asiste a clases y se participa de debates públicos. Sus efectos tampoco se limitan a las pantallas: lo que sucede en internet puede afectar nuestros vínculos, nuestra seguridad y nuestra salud mental.

Alberto Trímboli es doctor en Psicología y especialista en Psicología Clínica. Fue fundador y es presidente honorario de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), además de autor de “Ciberlaxia”. El título del libro también nombra una categoría conceptual con la que busca describir las actitudes descuidadas de los usuarios frente a los riesgos del entorno digital. Su planteo cuestiona la idea de que lo que ocurre en internet pertenece a una realidad separada: buena parte de lo que hacemos allí tiene consecuencias en nuestra vida cotidiana.

Una frontera diluida entre lo físico y lo digital

“Durante mucho tiempo hablamos de ‘mundo físico’ y ‘mundo virtual’, como si lo que sucedía en internet perteneciera a una realidad paralela. Hoy esa diferencia resulta insuficiente. Ambos conforman el ‘mundo real’”, explicó el también expresidente de la Federación Mundial de Salud Mental. En su libro, Trímboli analiza cómo la percepción de que lo digital es lejano o simulado puede llevar a descuidar sus riesgos. Ese uso relajado o “laxo” -componente fundamental del concepto- puede afectar la integridad emocional, la seguridad, la privacidad e incluso la salud mental y física. El especialista pone especial atención en niños, niñas y adolescentes, aunque también incluye a los adultos.  

“Nuestros vínculos afectivos, laborales, educativos, económicos y políticos transcurren simultáneamente en espacios presenciales y digitales. Lo que ocurre en una red social puede producir consecuencias muy concretas fuera de ella, y lo que sucede presencialmente continúa muchas veces en las redes”, explicó. Entre los riesgos que describe aparecen los contactos abusivos, la exposición a ideales inalcanzables, la divulgación de información íntima, la promoción de productos adictivos y los hostigamientos, insultos y humillaciones.

Consumo problemático: un riesgo sin barrera de edad

El especialista también distingue la ciberlaxia del consumo problemático en entornos digitales. Mientras el primer concepto refiere a una actitud descuidada frente a los riesgos, el segundo describe un conjunto de conductas mediadas por tecnologías que interfiere significativamente en la salud mental, los vínculos interpersonales, el desempeño académico o laboral, o la capacidad de autorregulación y de tomar decisiones autónomas. Para Trímboli, esta problemática no se limita a jóvenes y adolescentes. “El consumo problemático no tiene edad”, advirtió.

Con frecuencia, las advertencias sobre el uso compulsivo o desmedido de internet se dirigen a los más jóvenes. Sin embargo, en una sociedad hiperconectada, la presencia del celular en reuniones y comidas también forma parte de las rutinas adultas. “Tal vez en adolescentes sea más visible porque existe una preocupación social particular sobre ellos, pero basta observar una reunión familiar, un restaurante o el transporte público para advertir que los adultos también tenemos enormes dificultades para separarnos del celular”, explicó el experto.

La invasión del trabajo en la vida privada

La preocupación por los adolescentes responde, según Trímboli, a las particularidades de una etapa marcada por cambios biológicos, psicológicos, emocionales y sociales. Las tecnologías digitales también intervienen en la manera en que construyen sus vínculos y se perciben a sí mismos. “La diferencia fundamental es que un adolescente se encuentra en pleno proceso de construcción de su identidad, de su autoestima y de sus vínculos. Por eso la mirada de los otros, la pertenencia al grupo y el reconocimiento social adquieren una importancia especial. Las redes pueden potenciar esas dimensiones”, completó.

Entre los adultos, la conexión permanente también puede desdibujar los límites entre las distintas actividades de la vida cotidiana. Una de sus manifestaciones es la dificultad para separar el trabajo del tiempo personal: el celular permite que las obligaciones laborales acompañen a una persona incluso después de terminar su jornada. “La tecnología llegó con la promesa de facilitarnos el trabajo, y efectivamente lo hizo en muchos aspectos. Pero también permitió que el trabajo invadiera espacios que antes estaban protegidos”, añadió el especialista.

La ilusión de la productividad 

“Un mensaje laboral puede llegar durante la cena, un correo el domingo o una notificación mientras estamos de vacaciones”, ejemplificó Trímboli. La dificultad, explicó, no se reduce al tiempo que una persona pasa frente a una pantalla. También aparece cuando, aun sin utilizar un dispositivo, permanece pendiente de una posible demanda laboral. “El problema no es solamente cuánto trabajamos, sino la sensación de disponibilidad permanente”, remarcó.

Esa disponibilidad puede confundirse con un mayor rendimiento, aunque el especialista advierte sobre sus efectos en la atención y el descanso. “Paradójicamente, estar siempre conectados no necesariamente nos vuelve más productivos. La interrupción constante fragmenta la atención y dificulta la concentración sostenida. Además, si nunca existe una verdadera desconexión, tampoco existe una recuperación adecuada”, subrayó el presidente honorario de la AASM.

El derecho a la desconexión

Trímboli propuso pensar la desconexión laboral como una necesidad vinculada con la salud mental. Separar el tiempo de trabajo de la vida personal implica algo más que cerrar una computadora o dejar de responder mensajes. “El derecho a desconectar debería ser pensado también como una cuestión de salud mental. Descansar no significa simplemente dejar de trabajar: significa poder dejar de estar mentalmente disponible para el trabajo”, remarcó.

Esta inquietud también forma parte de los debates sobre legislación laboral. “Esta preocupación ya está llegando a las legislaciones laborales. En distintos países se está desarrollando el llamado derecho a la desconexión digital, que busca proteger al trabajador frente a las comunicaciones laborales fuera del horario de trabajo. Australia, por ejemplo, reconoce actualmente el derecho de los trabajadores a no leer ni responder comunicaciones laborales fuera de horario, salvo determinadas excepciones”, aclaró.

En Argentina, el especialista recordó que la Ley 27.555 de Teletrabajo incorporó expresamente el derecho a la desconexión digital y estableció que el trabajador no podía ser sancionado por ejercerlo. La Ley 27.802 dispuso la derogación de aquella norma a partir del 1 de enero de 2027. Para Trímboli, el debate también debe incluir a quienes organizan y regulan las condiciones de trabajo. “También es necesario discutir qué responsabilidades tienen las empresas, las instituciones y el Estado en la protección de tiempos reales de descanso”, señaló.

La batalla por el descanso y los riesgos de la derrota 

A las demandas laborales se suma el diseño de las redes sociales, que ofrece una sucesión de contenidos y puede prolongar el tiempo de uso incluso cuando una persona se dispone a descansar. “Las redes están diseñadas para que siempre haya algo más que mirar: otro video, otro mensaje, otra publicación. Entonces aquello que iba a durar unos minutos puede terminar ocupando horas”, comentó el especialista.

El tiempo frente a las pantallas puede desplazar las horas de descanso, pero también importa qué se mira antes de dormir. “Determinados contenidos generan activación emocional justo en el momento en que necesitamos disminuirla para dormir”, explicó. Trímboli advirtió que las consecuencias de dormir menos se extienden a las actividades del día siguiente. “La privación de sueño tiene consecuencias durante el día: afecta la atención, la memoria, el aprendizaje, el estado de ánimo y la capacidad de regular nuestras emociones. En niños y adolescentes esto es especialmente importante”, concluyó. 

Dónde pedir ayuda

Pedir ayuda puede comenzar con una llamada o una consulta cerca de casa. En Tucumán, la línea 135 atiende urgencias y realiza derivaciones, mientras que el 0800-122-1555 brinda orientación con psicólogos las 24 horas. También se puede acudir a los CAPS y policlínicas o al Servicio Ambulatorio de Adicciones del Hospital Avellaneda, que atiende de lunes a viernes, de 7 a 19. La red provincial incluye hospitales de segundo nivel para desintoxicación aguda, los equipos comunitarios “Nuevo Amanecer”, los hospitales Obarrio y del Carmen para cuadros agudos y los centros Las Moritas, en Las Talitas, y Cetria, en Aguilares, para rehabilitación.   

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