En la Argentina, los impuestos que asoman como transitorios terminan constituyéndose en permanente. Los actores económicos, a su vez, vienen reclamando un sistema tributario integral más simplificado y menos engorroso que el existente. Ese es un debate que la política ha postergado durante décadas y que se ha actualizado con la firma del Pacto de Mayo que, hasta ahora, tampoco parece que tiene muchas chances de avanzar, pese a que lo firmaron el presidente Javier Milei y la gran mayoría de los gobernadores.
En el mapa global, la Argentina queda en un lugar incómodo: la mayor parte de su recaudación proviene de gravámenes indirectos, es decir, los que no recaen sobre las personas de manera directa sino a través de sus transacciones como el consumo o las exportaciones. Esto va en detrimento de los directos, que alcanzan a las personas directamente a través de sus ingresos y patrimonio, expone Argendata (argendata.fund.ar), un centro de innovación en políticas de desarrollo para impulsar transformaciones estructurales para la Argentina y Latinoamérica.
Los impuestos indirectos tienden a ser más distorsivos -tienen una mayor capacidad para influir en las decisiones de las personas- y regresivos -los pagan más los que menos tienen-. Sin embargo, conviene distinguir al interior del grupo de los indirectos, indica el informe elaborado con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert.
El IVA reúne cerca de un cuarto de la recaudación y no es progresivo: como los hogares que menos tienen consumen casi todo lo que ganan, entregan una porción más alta de su ingreso que los hogares que más tienen. Pero no se le puede pedir a cada impuesto en particular que reúna todas las características deseables de un sistema tributario. Y el IVA es un impuesto muy importante porque es el ordenador del sistema. Por su diseño -se paga a la agencia tributaria la diferencia entre el IVA que se cobra en las ventas y el IVA que se paga en las compras a proveedores-, este impuesto genera los incentivos adecuados para pedir factura y operar en la formalidad. Un sistema que cobra bien IVA es entonces capaz de identificar los ingresos y costos, y con ellos las ganancias. Además, si se identifican bien las ganancias, también se captan correctamente las variaciones patrimoniales. Y ganancias y patrimoniales son dos impuestos que sí son progresivos.
El problema aparece cuando ese engranaje no funciona, y en Argentina no funciona bien. La eficiencia de un impuesto mide cuánto se recauda como porcentaje de lo que debería ingresar si todos cumplieran. La eficiencia del IVA en Argentina es del 47,8%, de las más bajas de la región. Más de 1 peso de cada 2 que deberían recaudarse, se pierde, acota el diagnóstico.
El grueso de esa pérdida es la evasión: 43,7%. El resto, el gasto tributario, es decir, la recaudación que se pierde por tratamientos preferenciales como exenciones o alícuotas diferenciales. Si bien estas dos fuentes de ineficiencia son diferentes, se relacionan. Cada exención y alícuota diferencial genera incentivos para hacer pasar algunas actividades como beneficiarias de un tratamiento preferencial que no les corresponde.
Si el IVA no es el problema, ¿dónde está la anomalía? En otros tres tributos indirectos casi sin equivalente en el mundo y con mucho peso local: los derechos de exportación, el impuesto a los débitos y créditos bancarios (el “impuesto al cheque”) y, en las provincias, Ingresos Brutos, explica Argendata. Los tres distorsionan decisiones: las retenciones castigan a quienes venden al exterior; el impuesto al cheque encarece el sistema financiero formal y empuja al efectivo; Ingresos Brutos grava el monto total de cada venta en todas las etapas, de modo que un mismo valor tributa una y otra vez. En ningún sistema comparable pesan tanto como en el argentino.
Costo
Reducir esos tributos distorsivos tiene un costo en términos de recaudación. Para compensarlo, es necesario fortalecer los impuestos directos, que hoy aportan menos que en la región y en el mundo desarrollado, sugiere la entidad. Aligerar los tributos distorsivos, cobrar mejor el IVA, ampliar la base de Ganancias sin castigar a los que menos ganan, revisar el monotributo y recuperar terreno en los impuestos al patrimonio son las piezas de la reforma que propone Fundar. Aplicadas juntas, no harían de Argentina un experimento fiscal: harían lo contrario. Acercarían su estructura a la de los vecinos y le quitarían lo que hoy la vuelve un caso aparte. La rareza argentina no es una fatalidad: es una acumulación de decisiones que pueden revertirse, finaliza.













