Resumen para apurados
- Editores y directivos abrieron en San Miguel de Tucumán la 64ª Asamblea General de Adepa con una disertación histórica orientada a descifrar la identidad local y nacional.
- La exposición de Guillermo Monti y Daniel Dessein recorrió hitos tucumanos, desde la gesta independentista y la crisis azucarera de 1966 hasta el aporte de LA GACETA Literaria.
- El análisis propuso revalorizar el periodismo como custodio de la memoria y clave cívica para comprender las tensiones estructurales y el futuro de la Argentina federal.
En el marco de la 64ª Asamblea General de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), que congrega en San Miguel de Tucumán a directivos, editores y referentes de medios de todo el país, la apertura de las deliberaciones ofreció un espacio para la reflexión profunda sobre la identidad de la provincia. Acompañado por el Presidente del directorio de LA GACETA, Daniel Dessein, el prosecretario de Redacción del diario, Guillermo Monti, guió a los presentes por un minucioso ensayo histórico, cultural y visual estructurado en microcapítulos. La ponencia no solo buscó ilustrar los orígenes locales ante los invitados, sino también situar los debates periodísticos contemporáneos en el corazón de un territorio decisivo para la vida institucional del país. “Así como desde el nacimiento mismo del país venimos intentando desentrañar qué es el ser nacional, los tucumanos estamos empeñados en desentrañar qué es esto del ser tucumano”, sintetizó Monti al abrir su exposición.
La charla había comenzado con Dessein presentando el libro “LA GACETA Literaria 1949 - 2026”, en el cual se recopilaron textos que fueron publicados entre esos años, con firmas tan prestigiosas como las de Ernesto Sábato, María Elena Walsh, Victoria Ocampo, Alejandra Pizarnik, Jorge Luis Borges y Ray Bradbury, entre otros.
En su alocución, Dessein recordó a Enrique García Hamilton, hijo del fundador de LA GACETA. Alberto García Hamilton, quien en 1949 era director del diario. Y que en esas circunstancias su padre, Daniel Alberto Dessein, que vivía en Buenos Aires, llegó a Tucumán y se puso al frente de LA GACETA Literaria con el impulso y el fuerte aval de Enrique.
Luego Monti comenzó desarmando mitos fundacionales desde la geografía y el desarraigo colonial: la original San Miguel de Tucumán en Ibatín, con sus piedras en ruinas y su solitaria jarra de plata en un museo, hasta el traslado a su emplazamiento actual en 1685. A través de grabados e ilustraciones de época, Monti repasó el destierro forzado del pueblo Quilmes tras las Guerras Calchaquíes y se detuvo en el magnetismo épico de la Batalla de Tucumán de 1812. Recordó la obsesión colectiva por revalorizar aquel triunfo de Manuel Belgrano como el punto de inflexión bélico que salvó la Revolución de Mayo, antesala de la jura emancipadora de 1816. Sin embargo, no eludió las sombras de la guerra civil decimonónica que devoró a sus propios protagonistas: “Esa síntesis de la primera mitad del siglo XIX en Tucumán está marcada por tensiones, por la sangre derramada y por estas luchas”, señaló al evocar los trágicos destinos de Bernabé Aráoz y Marco Avellaneda, contrapuestos al surgimiento de mentes tutelares para la República como Juan Bautista Alberdi y Nicolás Avellaneda.
El itinerario abordó luego la metamorfosis de la segunda mitad del siglo XIX, impulsada por el obispo José Eusebio Colombres y el despegue de la industria sucroalcoholera. Ese impulso convirtió a la provincia en un imán de inmigración fabril y en un polo intelectual de avanzada, motorizado por la Sociedad Sarmiento, la fundación de la Universidad Nacional de Tucumán de la mano de Juan B. Terán y el nacimiento de LA GACETA en 1912, fundada por Alberto García Hamilton. Sin embargo, aquel período de gravitación política y prosperidad encontró un freno traumático a mediados de los años 60. Con páginas de archivo del diario proyectadas en sala, se recreó el impacto del cierre masivo de ingenios ordenado por el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía en 1966. Aquella medida desarticuló el tejido social, precipitó los levantamientos del “Tucumanazo” y derivó en la etapa más sombría de represión y violencia política. “Generaron un quiebre, un quiebre del que Tucumán, hasta hoy, no pudo recuperarse”, advirtió Monti.
Para equilibrar esa memoria dolorosa, la exposición se detuvo en el legado de figuras emblemáticas del arte, el pensamiento y las letras -muchas de ellas formadas en las páginas de LA GACETA Literaria-, tales como Lola Mora, Alberto Rougés, Leda Valladares, Mercedes Sosa, Palito Ortega, Tomás Eloy Martínez y el hace poco fallecido historiador Carlos Páez de la Torre (h). Esta constelación de talentos expuso el vigor creativo de una comunidad que siempre supo generar pensamiento crítico y sensibilidad artística, incluso en sus momentos de mayor adversidad institucional y económica.
El reto del presente
Hacia el final, la disertación confrontó dos posturas urbanas y conceptuales: la mole inconclusa de la Ciudad Universitaria en San Javier -emblema de un sueño de modernidad truncado a mediados del siglo XX- frente al Monumento al Bicentenario inaugurado en 2016, símbolo de una refundación postergada. Apelando a una máxima arraigada en el pulso local, Monti explicó: “Solemos decir que cuando a la Argentina le fue bien, a Tucumán le fue muy bien; y cuando a la Argentina le va mal, a Tucumán le va muy mal”.
La charla no fue un mero ejercicio retrospectivo, sino una clave interpretativa de alto valor político y cívico para el marco en el que se desarrolla la 64ª Asamblea de Adepa: comprender a la provincia sede es comprender los desafíos estructurales de la Argentina federal, donde el periodismo cumple el rol insustituible de interpelar al poder y custodiar la memoria. Lejos del derrotismo y convocando a mirar hacia adelante, Monti concluyó con una reflexión sobre la necesidad de reencontrar un rumbo común: “No perdemos las esperanzas; Tucumán está buscando una visión, está buscando un propósito, lo necesita para afrontar este mundo que viene”.














