Malvinas: devolverles la identidad a los caídos es un ejercicio de soberanía

Malvinas: devolverles la identidad a los caídos es un ejercicio de soberanía

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Malvinas: devolverles la identidad a los caídos es un ejercicio de soberanía
02 Abril 2025

Gabriela Naso - Victoria Torres

Autoras de “Esquirlas en la memoria”

Con un minucioso y fundamentado trabajo de investigación nuestro libro “Esquirlas en la memoria” rescata la lucha de un grupo de excombatientes y familiares de caídos para lograr la identificación de los soldados argentinos enterrados como NN en el cementerio de Darwin, en las Islas Malvinas.

Esta historia comienza el 12 de junio de 1982, después de la Batalla del Monte Longdon, cuando un grupo de sobrevivientes argentinos es tomado prisionero por los británicos y obligado a enterrar a sus propios compañeros en los campos de batalla. Fueron estos mismos jóvenes quienes, cuando llegaron al continente, tuvieron que asumir la difícil tarea de contarles a los padres de sus amigos que sus hijos habían muerto en las islas, debido a que los militares no les daba ninguna respuesta certera.

No solo eso: en varios casos, como es el del caído Eduardo Gómez, de la provincia de Chaco, fueron esas mismas Fuerzas Armadas quienes además persiguieron y amenazaron a los familiares que, ante la terrible incertidumbre, iban a golpear desesperadamente las puertas de los regimientos o recorrían hospitales en busca de noticias.

“Esquirlas en la memoria” cuenta también cómo los militares de la dictadura desarrollaron acciones psicológicas y de inteligencia sobre los familiares y exsoldados conscriptos. Los documentos a los que remite nuestro libro demuestran que ya antes de la rendición del 14 de junio los altos mandos estaban delineando de qué forma se iba a contar la guerra y qué había que hacer con los soldados sobrevivientes y sus familiares para que el relato no tuviera fisuras.

Así, por ejemplo, al regreso de la contienda, a los soldados se les prohibió bajo juramento hablar de lo ocurrido, les hicieron prometer que lo que había sucedido en Malvinas quedaría para siempre en esas islas. A su vez, las Fuerzas Armadas buscaron evitar que las madres de Malvinas tuvieran contacto con las Madres de Plaza de Mayo y con cualquier otro organismo de Derechos Humanos. Todo en pos de construir un discurso épico de la guerra que permitiera considerarla como una gesta heroica.

La historia real

Algo que esta investigación demuestra, a través de los testimonios y documentos que recoge, es que no fue así. ¿Por qué entonces se tardó 30 años en que el Estado argentino atendiera el reclamo de los familiares? A la imposición de silencio, el discurso de la gesta y la persecución a excombatientes y familiares se suma el proceso de desmalvinización de fines de los 80 y principios de los 90, un dispositivo político-discursivo destinado a diluir voces no hegemónicas con respecto a lo ocurrido durante y después de Malvinas.

Todos enormes obstáculos que, sin embargo, no impidieron que los integrantes del Centro de Excombatientes Islas Malvinas (CECIM) La Plata, que en su mayoría habían participado en esa terrible batalla de Monte Longdon y que sabían que había cuerpos que aún no estaban enterrados con su nombre verdadero, siguieran insistiendo en el tema de la identificación de sus compañeros caídos. Reconociéndose ellos mismos como víctimas de la dictadura, se reunieron bajo el lema de que no podía haber NN en el cementerio de Darwin. Esta forma de nombrar a quienes otras agrupaciones preferían llamar “héroes”, trajo también nuevas disputas de sentido.

Otro de los hitos que detalla el libro es cuando en 2010 los excombatientes del CECIM La Plata se reúnen con Alejo Ramos Padilla, entonces abogado y hoy juez federal, mencionan la cuestión de identificaciones que aún exigían ser aclaradas. Haciendo eco de estas denuncias, Ramos Padilla arma una estrategia jurídica para demandarle al Estado argentino que arbitrase todos los medios necesarios a su alcance para la identificación.

En ese camino el 2 agosto de 2011 se presentó un recurso de amparo en la Justicia Federal para que se le ordenara al Poder Ejecutivo Nacional que dispusiera las medidas necesarias para la identificación de los restos y la determinación de las causas de muerte en el lugar.

En acción

La tarea no fue sencilla. Por un lado, había que tener en cuenta que las gestiones diplomáticas no afectaran el reclamo de soberanía sobre el archipiélago y, por otro, se necesitaba el apoyo de un número significativo de familias que aportaran su ADN. Para esto último, un equipo interdisciplinario, del cual participaron integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y representantes del Estado, emprendió un viaje a lo largo y a lo ancho del país que puso en evidencia no solo las múltiples carencias que atravesaban los deudos sino también cómo esas vidas habían quedado detenidas en espera de una respuesta que les permitiera empezar a procesar de alguna forma el hecho no saber qué había pasado con su ser querido, caído en las islas.

A estas dificultades se sumó la oposición de los sectores de familiares vinculados a las Fuerzas Armadas, que exigían que se dejara a los muertos en paz, denunciando que al inhumarlos se haría un “festival de huesos”. Los amedrentaron, incluso, asegurándoles que iban a perder la pensión si accedían a dar su muestra.

El Plan de Proyecto Humanitario I y II, comandado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), permitió devolverles la identidad a 121 combatientes. Sin embargo, queda pendiente una tercera fase que, debido a la reticencia de Gran Bretaña, no pudo concretarse en 2023. Además, de la primera etapa aún quedan cinco caídos por identificar y algunas cuestiones abiertas, ya que hay familias cuyas muestras no coinciden con los restos de las tumbas exhumadas.

Lo que falta

Las tareas realizadas en 2004 solo habían contemplado una reforma superficial del cementerio que consistió en levantar el cenotafio con los nombres de los caídos en la parte más alta del camposanto, reemplazar las viejas cruces de madera de las sepulturas por otras de lapacho pintadas de blanco y colocar lápidas de granito negro con el nombre de los caídos o la leyenda “Soldado argentino solo conocido por Dios”, que había sido traducida al español.

Durante el tiempo que duró la reforma, en ningún momento se realizó un análisis forense de los restos inhumados, por lo que la información volcada en las placas debió replicar los datos existentes en cada tumba antes del inicio de las obras.

Devolverles la identidad a los argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin es un ejercicio de soberanía que debe estar resguardado por el Estado nacional, al que le corresponde velar por el derecho a la verdad y a la identidad. “Esquirlas en la memoria” es nuestro aporte a esta deuda pendiente desde hace ya 43 años.

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