Ningún estudioso de la historia puede ignorar a Carlos Páez de la Torre (h)

Ningún estudioso de la historia puede ignorar a Carlos Páez de la Torre (h)

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DESDE EL ATRIL. Era un conferencista ameno y muy requerido. Aquí habla en el Senado de la Nación. DESDE EL ATRIL. Era un conferencista ameno y muy requerido. Aquí habla en el Senado de la Nación.
27 Marzo 2025

Luis González Alvo - Historiador

Fue por el mes de julio de 2013, medio año después de haber terminado la licenciatura en Historia, que conocí a Páez de la Torre. Un día, sin previo aviso, me dirigí al edificio de LA GACETA y pregunté por él en la recepción. Sin conocerme, ni saber qué estaba buscando, me recibió en su oficina y, antes de darme tiempo a presentarme, me preguntó, sin rodeos, qué necesitaba. Le conté que estaba preparando la publicación de un libro sobre la historia de la primera penitenciaría de Tucumán, basado en mi tesis de licenciatura. Le comenté que su Historia de Tucumán me había resultado de mucha utilidad, como así también muchas de las notas de sus columnas “Apenas ayer” y “Personalidades en el olvido”. Le dije que no había podido conseguir una foto de la fachada de la penitenciaría inaugurada en 1886 y que creía que, si había alguien que pudiera tenerla, era Páez de la Torre.

Bueno, Paéz no tenía esa foto. Recordaba la fachada con claridad, de igual modo que el momento de la demolición, pero no encontró en su archivo una imagen. No obstante, procedió a compartir conmigo las fotografías que tenía del interior de la cárcel y todo el material que estaba a su alcance, relacionado con mi investigación. Finalmente, la tapa de mi primer libro fue ilustrada con una imagen de su archivo personal. A partir de entonces, comencé a consultarle por fuentes (fotografías, cartas, libros) y no hubo vez que no me respondiera rápidamente, enviándome todo el material que tenía a disposición. En varias ocasiones nos reunimos en un café de la calle Maipú, en la vereda, para que él pudiera fumar sin parar durante toda la conversación, mientras escuchaba mis proyectos para luego aportar y lanzar sus críticas sin anestesia.

Diferíamos en todos los puntos de vista sobre cualquier tema. Una vez, antes de retirarse del café, me dijo que, si quería saber su opinión sobre alguna materia, la que fuera, solo tenía que invertir mi opinión y ya tendría la respuesta. A pesar de eso, nunca escatimó de su tiempo para darme una mano en materia de fuentes. En una ocasión, luego del café y sus 10 cigarrillos, me regaló varios de sus libros -las biografías de Groussac, Lola Mora, Juan B. Terán y Lucas Córdoba-.

Al acercarse el bicentenario de la Declaración de Independencia, Páez impulsó la inversión más importante en investigaciones históricas realizada por la provincia en toda su historia (los 30 libros de las colecciones “Historias de los municipios” e “Historias Temáticas”). Me tocó escribir el libro de Historia de Concepción, para el cual recibí, nuevamente, toda su ayuda desinteresada, hasta que el libro se publicó en 2017.

Ningún estudioso de la historia puede ignorar a Carlos Páez de la Torre (h)

Vistos retrospectivamente, los seis años en los que pude compartir algunos cafés y muchas fuentes con Páez, hoy me parecen cortos. Hubiera querido seguir discutiendo más años con él, porque, a pesar de las enormes diferencias que teníamos, era un interlocutor que sabía escuchar. Y porque hubiera querido tener más tiempo para aprender de él, el oficio del divulgador. Tarea que no se nos enseña en la Universidad y que es realmente fundamental para que la historiografía no se produzca exclusivamente para historiadores.

Cuando ingresé a la carrera de Historia en 2005 no se reconocía el aporte de Páez de la Torre a la historiografía tucumana. Yo, por lo menos, no escuché ninguna mención a su trabajo en los años que cursé la carrera. Lo conocía a través de sus notas en LA GACETA. Sin embargo, dos décadas después, y un lustro después de su fallecimiento, creo que la situación es bastante diferente. Pocos docentes -por no decir ninguno- desconocen, al menos, su trabajo de fuentes. Su obra podrá ser más o menos criticada, pero nadie que investigue la historia de Tucumán -en casi cualquier período- puede ignorar la dimensión de su contribución. Y además, convengamos también, que ninguno de nosotros -los historiadores universitarios- hemos podido tener el alcance que él tuvo. No creo que me equivoque al afirmar, a modo de cierre, que todo historiador de Tucumán desearía que lo leyeran al menos un 5% de las personas que han leído alguna vez a Páez de la Torre. Si al menos una pequeña parte de la historiografía que se produce en la Universidad pudiera tener ese alcance, no dudo de que la sociedad tucumana sería muy diferente, y para bien.

Comentarios
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#1 27 Mar 2025 18:33 Hs
Muchas gracias Luis Gonzalez Alvo! Me gustó mucho su descripción de mi padre!
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