Artistas del NOA - Pablo Iván Ríos











Star Wars - Pablo Iván Ríos
Falta poco para que
termine el día del dibujante en Argentina. En las redes sociales hubo algo de
ruido, pero siempre centrado en los fanáticos de la historieta y a esos
curiosos a los que les llama la atención. También están los que comparten todo
porque alguna deidad de internet los obliga, pero son de otra especie. Sea como
sea, los miembros de la Asociación de Dibujantes Argentinos, eligieron
esta fecha para conmemorar el aniversario de la muerte de uno de los artistas
gráficos más grandes del cómic mundial, Alberto Breccia. Uruguayo
de nacimiento, argentino por adopción.
Hoy podría hacer un recorrido por los mejores dibujantes de cómics. Hablarles
de esos monstruos de las viñetas que me ponen la piel de gallina, pero hay
muchos artistas locales que van a lucirse más en este espacio. Atentos, porque
una vez por mes va a aparecer un artista nuevo que puede sorprenderlos y tal
vez, se lo cruzaron en algún lado. Hoy le toca a Pablo Iván Ríos,
uno de los fundadores de la revista de humor Papalú, tallerista
y artista notable.
Nuestro héroe es una mezcla extraña. Cuando hace tiras de humor
encontramos un poco de Lucas Varela y otro poco de Gustavo
Salas. Si leyeron alguna de sus obras y lograron sobrevivir, van a saber
que mezclarlos es casi un juego de alquimia. Ríos lo logró sin perder su
impronta. Gracias a sus historietas me di con humorista gráfico bastante
interesante, que tenía un estilo para explotar, pero no le di mucha importancia
más allá de sus obras en Papalú. Por suerte, los azares de la vida llevan a
revelaciones interesantes. Una amiga, también fanática del cómic me habló de
Iván y me mostró otras de sus obras. A pesar de que lo conocía por su lado
cómico, tardé bastante en relacionarlo con su otra faceta. Era prácticamente
otro artista, uno con una personalidad melancólica y una técnica de pintura
notable que tiene mucho de la cultura mainstream contemporánea. En sus
obras hay mucho de Star Wars, paisajes post apocalípticos, algunas
reminiscencias a Mad Max y muchos autos entre otras cosas.
¿Cómo nació tu pasión por el dibujo y la historieta?
Crecí leyendo
toneladas de revistas Anteojito, D´artagnan, Gilgamesh, Savaresse, Patoruzú,
Capicúa, Popeye y un montón más. Cuando me quise poner de pie, el olor de la
tinta impresa sobre las hojas de esas revistas, ya me había knockeado.
Y así siguió la vida.
Con más ficción que realidad. Y los límites se fueron desdibujando uno a uno,
mientras se dibujaba otra cosa ya inasible. Y la realidad pegó primero cuando
no me dejaron ir a la Escuela de Bellas Artes y después cuando decidí seguir la
Facultad de Artes.
Lo que yo conocía por
familia se borró para siempre.
-¿Qué artistas te
influenciaron? ¿Cuáles son los que más te marcaron?
Al ser un artista
especial que dibuja y guiona historietas y que a la vez es ilustrador y pintor
(de esos que hacen muestras y pintan sobre telas y esas cosas) fui influenciado
por muchos maestros. Pero claro, tengo una banda de favoritos. Me encantaba el
dibujo lleno de rayas de Leopardi, Lucho Olivera, Enrique Breccia. Me enloquece
la pintura de Wayne Thiebaud, Caravaggio, Veermer, dominique Ingress, Sorolla…
y tantos que me mareo. Me envolvía la manera de escribir de Robin Wood, de
Ferrari, de De Santis... Y entiendo que Frank Frazzetta, uno de los
ilustradores más extraordinarios que he visto en mi vida se funde en el magma
de los pintores impresionistas que nunca dejan de sorprenderme.
-En cuanto al
crecimiento artístico, ¿Cuándo notaste un antes y un después en tus
ilustraciones?
Al ser un productor
artístico que trabaja diariamente muchas horas al día a los saltos de
crecimiento sólo puedo percibirlos cuando se detiene la marcha y veo los
trabajos anteriores. Hay algo que se está moviendo continuamente. Siempre se
crece. Sé que no soy el mismo de hace tiempo atrás. Pero todavía no he llegado
a ser lo que desearía llegar a ser. Siento que falta muchísimo. Me gusta este
camino.
-¿De qué manera
influyó en tus dibujos tu labor docente?
No soy un docente de
escuela primaria, ni secundaria. Tengo mis propios alumnos en mi taller y
enseño lo que puedo a cuanta persona se acerque. Me encanta compartir mis
experiencias. Eso sí, soy más exigente que un sargento japonés de la segunda
guerra mundial. Esas libertades han hecho que, lejos de interferir en mi
desarrollo artístico, me contagie de gente espectacular que ha enriquecido mi
vida de manera extraordinaria.
-¿Cuándo comenzaste a
publicar historietas? ¿Tuvieron la repercusión que esperabas?
Siendo joven comencé
a publicar revistas clandestinas con amigos. Con Walter
Viltre sacamos La
Pindonga, quizás una de las revistas más
monumentales que hice en mi vida y que hayan visto mis pupilas. Publiqué en
otras de tiraje nacional, pero la más encarnizada es Papalú, con Sejo, allí nos hicimos
fuertes.
La comenzamos a vender en los kioscos de revistas y después vimos que se agotaba. De vez en cuando me sentaba en algún lugar y veía que la tenía gente que no conocía. Pero la primera vez que se me estrujó el corazón por primera vez, fue cuando me enviaron una carta de un hogar para gente en rehabilitación. Otra fue que los chicos habían dibujado un personaje mío, El Doctor Condenatti, en una pared de la Escuela de Bellas Artes.
-Finalmente, como ilustrador, ¿Qué pensás de las nuevas generaciones de
ilustradores tucumanos? ¿El manga influye positiva o negativamente en
ellos?
Hay una nueva
generación que tiene dos cosas potentes a favor: pasión y talento. Hay muchos
jóvenes dispuestos a dar lo mejor de sí. Se mueven, producen, se juntan,
muestran. Y más aún, son ávidos lectores. Lo que faltan son maestros dispuestos
a invertir tiempo en ellos. Creo que el Manga es un buen camino para comenzar.
El problema es que es japonés, su relato es oriental, sus personajes mantienen
reglas de estereotipo y ahí es donde se diluye lo latino que nos hace tan
especiales. Terminamos licuados en un caldo donde no terminamos de entender
dónde estamos parados y al final hacemos historietas ubicadas en un Tokio del
que no sabemos un comino. Me gustan los mangas que con esa estética se ubican
aquí, en nuestra problemática... hablo de ésto y se me viene a la cabeza Cholita en
Bolivia o los trabajos under de Abraham Romano con sus aventuras en Los
Gutierrez, que si bien están ubicados aquí, en Tucumán, tienen estilo manga.
Esa mixtura los hace únicos. Me vuelve loco.