El celular y el inconsciente

Nicolás Iriarte
Por Nicolás Iriarte 10 Mayo 2013
La única característica que le faltaría tener a un celular en esta era sería adivinar nuestros pensamientos. De hecho, al escribir en él, hace un intento con el famoso diccionario. Esa palabra que a veces suplanta a la que realmente queríamos escribir y, por no figurar en la memoria o algún error de tipeo, la reemplaza automáticamente, generando algunos inconvenientes.

De esta manera, en vez de pedirle, a través de un mensaje, que vaya a comprar queso "en fetas", solicitamos que lo haga "en tetas". "Te voy avisando", no suena nada parecido a "te voy abusando". El aparato no comulga con las creencias populares de que el cariño puede tener un efecto positivo en personas enfermas, sino todo lo contrario: nuestro abrazo "sanador" se transforma en uno "dañador". La matemática tampoco se hace cargo de la siguiente operación: "muchos besos" = "muchos ceros".

Estos "errores", ¿cuentan como lapsus? ¿Debemos confesarlos en terapia? ¿Hasta qué punto el celular actúa como nuestro inconsciente?

Podríamos elaborar una teoría pero el absurdo tira todo por la borda: para mi teléfono, (Jorge) Bergoglio es un "negro globo". Algunos incorporan al diccionario la palabra que no registra o simplemente tienen más cuidado al escribir. Otros, la adoptan como un pequeño código de complicidad. Cualquiera de las soluciones parece más sencilla que hacerse cargo de lo que nuestro celular y el inconsciente quieren decir.

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