"La Virgen sacó a mi hermana de la droga y le pido lo mismo para otro adicto"

Miles de fieles se congregaron ayer en el santuario de La Reducción, con súplicas y agradecimientos. Trabajo y buena salud, lo que más solicitaron.

CON MUCHA FE. Una larga fila llevaba la caja de cristal donde estaba la Virgen; nadie quedó sin saludarla. LA GACETA / FOTOS DE ANALíA JARAMILLO
CON MUCHA FE. Una larga fila llevaba la caja de cristal donde estaba la Virgen; nadie quedó sin saludarla. LA GACETA / FOTOS DE ANALíA JARAMILLO
09 Diciembre 2012
La espera era larga y se cumplía bajo el laborioso sol del mediodía. Pero valía la pena. Separados en dos filas -la reglamentaria y otra más rápida para ancianos, discapacitados y embarazadas-, cientos de devotos aguardaban llegar al lugar donde estaba la Virgen. Frente a ella, las reacciones eran diversas: la mayoría tocaba durante varios segundos el cofre de cristal que la protegía y susurraba una oración corta; otros acariciaban el vidrio de manera espasmódica, como si la plegaria o el agradecimiento fuese tan intenso que demandara el acompañamiento corporal. Muchos sacaban fotos con celulares, otros se limitaban a observar desde el vallado, algunos lloraban. Todos se retiraban con una expresión de alivio.

En una reunión conmovedora y multitudinaria como todos los años, miles de fieles se congregaron ayer en el santuario Nuestra Señora del Valle de La Reducción, en Lules, para honrar a la Virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción. Familias enteras, madres con niños, parejas o grupos de amigos de toda la provincia se establecieron en el predio con carpas, mantas y distintas provisiones (algunos estaban allí desde el viernes a la tarde). La mayoría había llegado caminando, aunque quienes estaban acompañados por niños o enfermos prefirieron hacerlo en vehículos. De todos modos, no muchos se salvaron de hacer el último trecho a pie: el tránsito sobre la ruta 38 fue cortado unos seis kilómetros antes del santuario.

Como es costumbre, los vendedores ambulantes fueron parte del paisaje de la devoción. Los más solicitados eran los que ofrecían bebidas frescas y helados, pero la oferta era amplísima: estampitas, rosarios, choripanes, golosinas y hasta adornos navideños se vendían sobre la ruta.

Rezó por adictos

Trabajo y salud. Esas fueron las principales súplicas que los peregrinos le hicieron a la Virgen. Era el caso de Víctor Tejada, un joven de El Timbó que estaba allí con su mamá. "Le pedimos que nos ayude a rescatar a algunos familiares que cayeron en la droga. Por suerte ellos reconocen que tienen un problema y me pidieron ayuda. Ahora no pueden estar aquí, pero yo recé en su nombre", contó.

Distinta era la situación de Lucía Castillo y César Arroyo, un matrimonio de La Reducción que decidió bautizar a su segundo nieto en el santuario, en plena misa del mediodía. "La Virgen siempre nos ha ayudado, por eso planificamos esta celebración aquí. Hoy, más que pedir, le agradecemos que yo conserve un trabajo digno y que todos tengamos buena salud -indicó César-. Es emocionante venir porque esta fiesta se hace cada vez más convocante. Eso habla de las necesidades de los tucumanos y de todo el país".

Regresó después de 10 años

Susana Salinas se emocionó mucho al volver al santuario de La Reducción después de 10 años de haber interrumpido esa costumbre. "Dejé de venir porque mis hijos, Natalia y Franco, eran muy chiquitos. Ahora regresé con ellos, mi marido y mi madre. Le pedí a la Virgen que los proteja en su etapa de crecimiento, aunque ya Ella nos ayudó mucho durante un problema de salud de mi hija mayor -explicó, entre lágrimas-. Por suerte, todo mejoró. Me gustaría retomar el ritual de venir todos los 8 de diciembre".

Un día de camping y de oración

Las hermanas Berta y Manuela Rivadeneira, de Los Ralos, saludaron a la Virgen en Lules por segundo año consecutivo. Acompañadas de sus nietas, se instalaron con sillas y manteles en la zona más fresca del predio, al amparo de los árboles. Como la primera vez, tenían previsto pasar allí todo el día. "Siempre fue mi sueño venir para esta fecha y se me cumplió el año pasado. Soy muy creyente", señaló Manuela. "Sobre todo, le agradecemos tener buena salud. Es una bendición", añadió Berta.

Su hermana se salvó de la droga

Coparon las áreas en las que había sombra. Pasado el mediodía, abrieron varias cajas con empanadas y álbondigas, y apaciguaron el hambre. Simón Antonio Escalante era tan solo uno de los integrantes de un grupo de cuatro familias de la capital que arribaron juntas. "La Virgen me ayudó a rescatar de la droga a una de mis hermanas, que es menor de edad. La había visto muy mal, le pedí por ella y se salvó. Y ahora espero que suceda lo mismo con otro hermano que también es adicto".

Satisfechas, pese al calor

Rita Cuellar abrió su verde paraguas en medio de la ruta, decidida a que el insistente calor no le ganara tan fácil la partida. Aún así, ella y su hermana, Aída Lucila, estaban contentas: acababan de rezarle a la Virgen y cumplir así con el ritual de todos los años. "Venimos desde que él era bebé -comentó Aída en referencia a Germán, su hijo que la acompañaba-. Ahora tiene 23 años. Él nació sietemesino y hemos pedido mucho por él. Por eso viene gustoso".

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios