Pagar caro la custodia no es igual a comprar seguridad
Eugenio L. baja las ventanillas de su 4x4, saluda a los guardias y entra en una zona, según cree, libre de peligro. Igualmente está preocupado. "Por favor, estén más atentos a quién sale y entra. No permitan ningún ingreso sin antes preguntar en la vivienda a la que se dirige la visita", requiere a los guardias este contador de 42 años, padre de tres niños, vecino de un country ubicado al sur de Yerba Buena, a pocos metros del Camino de Sirga.
Al llegar a su casa manda un mail a los vecinos: "estén atentos, ustedes y sus familias, de no dejar puertas abiertas ni cosas de valor o información importante al alcance de desconocidos. Tengamos mucho cuidado con el personal que contratamos para los servicios e informemos a la guardia si tenemos dudas o vemos movimientos raros. Hay que extremar cuidados por el bien de todos". Su temor está justificado: el millonario robo en la casa de la hermana de la ex tenista y empresaria Mercedes Paz, ocurrido el fin de semana pasado, despertó inquietud entre quienes habitan en complejos cerrados.
Muchas familias que se fueron a vivir a un barrio privado lo hicieron porque pensaron que nunca más iban a sufrir la inseguridad en sus casas, al igual que aquellos (cada vez más) que deciden destinar un mensual a vigiladores en sus cuadras. Sin embargo, según ha demostrado la realidad, en ningún caso pagar por seguridad es igual a estar totalmente tranquilos. En esto coincidieron investigadores, administradores de countries y los propios vecinos.
En el complejo donde vive Eugenio muchos están con los nervios de punta. Una vecina de él, Rossana F., señala que la seguridad fue la razón por la que eligió mudarse a este lugar de eucaliptos y ligustros, donde sólo se puede ir con el auto a 20 kilómetros por hora. Su esposo viaja mucho y ella queda sola con dos hijas. "Soy consciente de que no estamos exentos de sufrir un asalto, por eso me cuido mucho y hasta estoy pensando en poner rejas", cuenta. A Eugenio no le gustaría vivir con hierros en sus ventanas. "A veces, en el country nos confiamos demasiado y nos cuesta entender que hay riesgos aquí adentro. Sólo hay que tomar más precauciones", sostiene.
El barrio está rodeado de concertinas y cables sensores controlan el perímetro. Además, hay cámaras de seguridad y los vigiladores cuidan la entrada como perros bulldog. "Aquí intentaron entrar una vez a una casa, pero se activaron alarmas y los ladrones huyeron. A mí me quedó claro que los delincuentes ya no le temen a nada", concluye Rossana.
¿Inviolables?
No es fácil ingresar a los barrios cerrados. La cerca perimetral parece invencible, pero no lo es. De hecho, en Tucumán ya hubo varios robos. Según los investigadores, los ladrones saben que si logran entrar podrían encontrar un buen botín. E incluso tienen la idea de que en estos lugares circula dinero en negro.
"Ningún sistema de seguridad es absolutamente inviolable, mucho menos teniendo en cuenta las grandes extensiones que tienen los countries y barrios", explica Oscar Giménez Lascano, administrador de countries. Por más que están vigilados las 24 horas, estos complejos tienen varios puntos vulnerables: los accesos, en los cuales a veces pueden filtrarse desconocidos, los sectores perimetrales más alejados de la entrada y las casas en obra o sin habitar, describe Giménez Lascano.
En los countries, la seguridad es el componente más alto de las expensas, representa casi el 80% de sumas que van de los $ 600 a los $ 2.000. "Actualmente se están reforzando las vigilancias, con diferentes medidas: mayor control en los accesos, en especial a empleados, obreros y choferes de taxi; se revisan baúles y bolsos. También se están sumando más elementos tecnológicos, como lo sensores de corte de alambre (para las cercas perimetrales) los sensores infrarrojos y las cámaras que se activan con el movimiento", comenta el administrador. Y hace una aclaración: "no existen sistemas electrónicos que puedan detectar la infidelidad de un operario o de empleados domésticos. Es en este ámbito de confianza es donde a veces los propietarios resultan vulnerados en su buena fe".
Los incidentes más comunes dentro de los countries, según Giménez Lascano, son los hurtos de bicicletas, celulares y muebles de exterior; los robos por parte de obreros, jardineros y empleados; actos de vandalismo y accidentes de tránsito o en piletas.
Según los casos que investigó la Policía, en los delitos que se registran en barrios cerrados hay inteligencia previa y alguien que entrega datos a los asaltantes. "Hay pocas denuncias de incidentes en estos sitios. Suelen ser robos mínimos. Es mucha la gente que entra y sale de estos barrios y, por lo tanto, es imposible que no se corran riesgos", opina el comisario Carlos Carrillo, jefe de la Comisaría de Yerba Buena, adonde se encuentran la mayoría de los countries de Tucumán. Entre los que ya están habitados y los que hay en construcción, contabilizan más de 30. A estos se les suman unos 70 barrios cerrados en toda la provincia. La oferta de este tipo de complejos residenciales aumentó notablemente en los últimos años con la promesa del refugio seguro y confiable. ¿Será sólo un ideal?


