Los hogares tienen menos hijos y más abuelos
La vida en la casa de Sofía Neder es algo enredada. "Primero, porque somos todas mujeres", bromea la joven arqueóloga, que reside junto a sus dos hermanas, a su mamá y a su abuela Angélica, de 95 años. "Todo gira en torno a la abu. Ya casi no se puede mover, necesita mucha ayuda y estamos pendientes de ella: a qué hora se levanta, qué come, si hay que cambiarla, si tiene frío o calor, si está de buen humor y quiere dibujar, o si sólo quiere estar en el jardín, bajo el sol", describe Sofía.
Su historia, aunque no es de las más comunes, representa una de las tantas tipologías de familia que cada vez más habita en los hogares argentinos: se trata de las familias extendidas. Concretamente, son aquellas que comparten bajo el mismo techo padres, hijos y otros familiares indirectos, principalmente los abuelos.
Los datos demográficos indican que hoy en nuestra provincia cada vez son menos los hogares que responden al modelo de "familia tipo". Y aunque aún es el modelo más común -la primera minoría-, va dejando paso a nuevos modos de organización familiar. Esto es lo que detallan los informes del Censo 2010 y de la Encuesta permanente de Hogares que se realiza en varias ciudades del país: en la actualidad los hogares tienen menos hijos y más miembros indirectos.
En las familias "extendidas" vive una pareja o una persona sin pareja con o sin hijos; además está un abuelo o abuela, una tía u otro pariente. En nueve años, Tucumán sumó 10.506 nuevos hogares de este tipo y, de acuerdo a la evaluación de los demógrafos expertos, esto se debe en gran parte al aumento en la expectativa de vida y a las dificultades de los nuevos adultos para acceder a la vivienda propia o alquilada.
También tiene que ver en esta realidad la falta de centros adecuados para los ancianos.
Envejecidos
La sociedad envejece. Medio siglo atrás, la expectativa de vida de un tucumano era de 54 años; hoy es de más de 72 años. Al mismo tiempo, las tasas de fecundidad descienden: mientras que en 1955 había cinco hijos por mujer, en la actualidad hay 2,2 por cada fémina. Todos los pronósticos indican que estos fenómenos irán en aumento. Se cree que dentro de cuatro décadas aproximadamente uno de cada cuatro tucumanos será un adulto mayor. Con este panorama, la situación de la familia Neder será cada vez más frecuente en muchos hogares.
La situación plantea nuevas responsabilidades a las familias y al Estado, una realidad para la que muy pocos están preparados, según los especialistas, quienes ya han acuñado el término "economía del cuidado" cuando se refieren a la problemática, al envejecimiento permanente de la población y a las consecuencias que esto tiene sobre las formas de las familias.
Según datos que manejan los gerontólogos, se estima que el 70% del total de mayores de 60 años no viven solos y dependen del cuidado de sus familiares. Por otra parte, es relativamente muy baja la cantidad de ancianos internados en instituciones especializadas, públicas y privadas: apenas 1% del total.
La demógrafa Nora Jarma, en una investigación que acaba de producir junto a las estudiosas Beatriz Ceballos y Patricia Fernández, remarca cómo estas transformaciones poblacionales han repercutido en gran medida para recargar el rol de la mujer en la sociedad.
Por un lado, la disminución de la fecundidad y del tamaño de los hogares han acortado el tiempo total que las mujeres dedican a todo lo que tiene que ver con lo maternal (embarazo, parto, crianza y socialización de los hijos). Sin embargo, eso no significa que las féminas ganaron espacios propios para su realización porque el envejecimiento de la población ha multiplicado los deberes familiares relacionados con la atención y el cuidado a las personas mayores.
Las hijas ayudan más
De acuerdo a investigaciones de demógrafos en toda América Latina, la tercera edad no es una etapa que se caracteriza por la independencia: una alta proporción de personas mayores reciben apoyo familiar y el ayuda más importante proviene de los miembros que conviven en el hogar, especialmente de las hijas, muchas de las cuales no perciben ningún tipo de retribución económica por el cuidado de la persona a su cargo.
De hecho, muchas de ellas terminan resignando cuestiones personales para poder apoyar a sus familiares ancianos. Vivir en la misma casa es una de las formas más comunes de apoyo a los adultos mayores, a quienes también los hijos suelen darle el sostén material y emocional.

