23 Julio 2012 Seguir en 
Si se suma el consumismo extremo con un individualismo egoísta se obtiene como resultado, entre otros problemas, una ciudad sucia. "Hemos llegado a un clímax de consumo donde un gran componente de lo que compramos se convierte en basura. El problema es que el civismo es un bien escaso y el individuo está ocupado en su bienestar personal. Por eso no mide los efectos de su conducta", destacó Héctor Bomba, titular de Urbanística II en la Facultad de Arquitectura de la UNT. "Desde la gestión municipal se debe pensar en implementar la separación de residuos en origen, es decir, en el hogar", propuso.
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