Tres horas bastan para que renazca un basural

A diario, la Municipalidad limpia alrededor de 15 vaciaderos clandestinos de distintas dimensiones. El problema es que los residuos vuelven a acumularse en el mismo lugar casi inmediatamente. Los funcionarios admiten que es muy difícil erradicarlos y que en la capital son alrededor de un centenar. Los desechos de los jardines complican el panorama en esta época del año.

ESQUINA MALDITA. La suciedad se acumula en Marcos Paz y Azcuénaga. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA
ESQUINA MALDITA. La suciedad se acumula en Marcos Paz y Azcuénaga. LA GACETA / FOTO DE FRANCO VERA
José Názaro
Por José Názaro 23 Julio 2012
Antes hedía a dos cuadras, en la esquina de un predio abandonado. Fue así hasta que una empresa construyó un depósito en ese lugar. Y como si fuera una cuestionable muestra de cortesía hacia los nuevos vecinos, quienes lo alimentaban decidieron trasladarlo. El basural ahora está en Azcuénaga y Marcos Paz, junto a un baldío. Es uno de los alrededor de 100 vaciaderos crónicos que contaminan San Miguel de Tucumán.

A la historia la cuentan Isabel Agüera y Delina Villavicencio, dos de las vecinas de Villa Luján a las que les repugna la mugre de la esquina. Es que ahí hay de todo: desde bolsas de residuos domiciliarios rotas hasta cubiertas viejas, escombros, ramas de árboles, aserrín, maderas y un gigantesco charco de agua de las cloacas (como si fuera un dudoso manantial, el líquido brota de la tapa de la boca de registro que está pegada al basural).

Por todo esto es muy difícil imaginar lo que Isabel planea cocinar con la bolsa de harina que compró y con la que acaba de pasar caminando a metros de la esquina maldita. Pero no le quedan muchas más opciones que renegar y renegar. "Hace dos años que está y todos los días lo tengo que soportar cuando voy a hacer las compras. Los que vienen a tirar son carreros. No les podemos decir nada porque nos quieren pegar", se lamenta.

Vivir cerca de un basural no solo implica soportar el olor feo, sino también convivir con la amenaza de enfermarse y de que los desperdicios tranquen las alcantarillas y generen inundaciones o roturas en las cloacas.

El centenar de basurales que la Municipalidad calcula que hay en la ciudad se dividen entre micro, medianos y grandes. En esta época del año se incrementa la cantidad de los primeros: es normal (pero no por eso correcto) que las ramas, los montones de hojas y los restos de podas y limpiezas de jardín vayan a parar a las esquinas o a algunos puntos en los que no vive nadie, explica Marcelo Alonso, director de Higiene Urbana. Se calcula que el volumen de basura que genera la poda de un árbol es de unos seis metros cúbicos. Eso equivale al volumen promedio de un microbasural y a la capacidad de carga de un camión. Es decir, si habitualmente basta con un camión para levantar un basural chico, es posible que hagan falta dos en el caso de que contenga, entre otros desperdicios, los restos de una limpieza del jardín (a medida que se acercan las Fiestas de fin de año el incremento del consumo empieza a repercutir en el crecimiento de los medianos y grandes).

Los números le otorgan al problema su verdadera magnitud: la Municipalidad limpia a diario unos 15 vaciaderos clandestinos. Pero algunos vuelven a formarse en alrededor de tres horas (esto suele ocurrir con los medianos y los grandes; los micro demoran un poco más, quizás días). Es que erradicarlos es muy difícil. "No desaparecen, sino que se mudan a otro lugar. Generalmente se forman frente a lugares en los que no vive nadie: baldíos, casas abandonadas, predios tapiados... Los que tiran ahí dejan de hacerlo cuando se construye algo, pero lo trasladan a otro lugar cercano", detalla Alonso. Justamente eso es lo que ocurrió con el que amarga a Isabel y a Delina.

"La culpa no es únicamente del carrero. La solución pasa por la intervención de todos los actores: que Higiene Urbana haga la limpieza; que el ciudadano y las organizaciones intermedias, como las grupos barriales, se comprometan, y que la Policía brinde su apoyo", propone el funcionario.

Es cierto: aquel que vive de la basura, como ocurre con muchos carreros, no es el único responsable. El ciudadano que saca la basura a cualquier hora o cualquier día y que, en vez de dejarla frente a su casa para que la busque el recolector, la amontona en la esquina, alimenta consciente o inconscientemente alguno de los 100 basurales que torturan a sus conciudadanos.

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