Asaltaron a una familia y aprovecharon que los policías se quedaron sin balas para escapar
Cinco ladrones armados rompieron la puerta de entrada a la vivienda de los Isa, golpearon a sus ocupantes y les robaron casi todo. Un vecino alertó a la Policía pero, como en la comisaría no había móvil, tuvo que trasladar a los uniformados en su auto
Fue un estruendo que los despertó. En pocos segundos, tenían armas apuntándoles a la cabeza, y comenzaban a atarlos. A partir de allí, los 45 minutos que pasaron hasta que los ladrones se fueron de la casa les parecieron eternos. Afuera, mientras tanto, los vecinos alertados del robo tuvieron que ir hasta la comisaría a buscar a los policías, quienes luego se enfrentarían a los tiros con los delincuentes, que lograron huir.
El asalto se produjo el sábado, alrededor de las 3. En el paraje El Empalme, a seis kilómetros del casco urbano de Ranchillos, viven los Isa, propietarios de la empresa de colectivos que cubre el trayecto entre esa zona y la capital provincial.
De un lado de la ruta 302, en el kilómetro 32, una decena de casas conforman El Empalme. Del otro lado, hacia el norte, transitan las vías del ferrocarril. En ese lugar, a la intemperie, quedan los colectivos durante la noche.
"¿Quién anda ahí?"
Adrián González estaba esa noche custodiando las unidades, cuando escuchó el ruido de unos pasos alrededor del ómnibus. "¿Quién anda ahí?", preguntó González, y como respuesta recibió un culatazo en la cabeza. Cinco hombres, todos encapuchados y con gruesas camperas, lo redujeron y lo ataron con unas cuerdas.
Luego los delincuentes cruzaron la ruta, rompieron el portón de entrada de la casa de los Isa, y subieron por al balcón que da hacia el frente. Con una garrafa de 15 kilos que habían tomado del patio delantero del vecino, reventaron la puerta y entraron a la habitación.
Clara y su esposo, Oscar Isa, contaron que los ladrones nunca actuaron de manera desesperada. "Sabían lo que hacían. Preguntaban dónde estaba el dinero, si teníamos armas, y nos ataron con sogas y alambres que trajeron ellos. Ya estaban preparados. No fueron improvisados", comentó Clara.
A Oscar lo golpearon reiteradamente con la culata de las armas. "A los chicos no les vamos a hacer nada", le dijeron los asaltantes a Clara. Afortunadamente, ninguno de los tres hijos, de cinco y tres años y de 10 meses, se despertaron. Mientras un par de ladrones revolvía la planta alta, los otros tres bajaron y sorprendieron a los padres de Oscar, Rosa y Ramón Isa, y al hermano de la mujer.
"Creía que se trataba de una broma. Nos despertamos y teníamos un revólver en la frente", relató don Ramón. En bolsas, los delincuentes fueron guardando todo lo que encontraban a mano. Dinero, cámaras fotográficas, filmadoras, teléfonos celulares, ropa, zapatillas. Todo pasó a formar parte del botín.
Sin móvil
González logró deshacerse de las ataduras que lo inmovilizaban, y despertó a unos vecinos, alertándolos de lo que estaba pasando en lo de los Isa. Un hombre llamó a la comisaría de Ranchillos, y como le respondieron que no tenían móvil, sacó su vehículo y fue a buscar a los policías.
Al llegar, observaron un Renault Palio parado unos 100 metros antes. Presumiendo que podía tratarse del auto en el que se movilizaban los asaltantes, usaron un elemento punzante para pinchar los neumáticos.
Los vecinos, mientras tanto, se preparaban para sorprender a los delincuentes cuando salieran. A uno de ellos se le escapó el tiro de la escopeta. "Finalmente fue de buena suerte, porque hizo que se apuraran en salir de la casa. Yo les decía que se lleven todo, pero rápido. Quería que se termine", contó doña Rosa.
Al verse acorralados, los asaltantes tomaron la misma garrafa con la que reventaron la puerta para ingresar, y rompieron una ventana de reja lateral y salieron de la casa. Escudándose en los árboles, se enfrentaron con los dos policías. Pero los uniformados solamente tenían cinco balas cada uno, por lo que apenas cesó el fuego, los ladrones se subieron al auto, y escaparon, con las ruedas pinchadas, por la enripiada ruta 320, que conecta con la ruta 9. No había móvil para seguirlos.
"Estamos agradecidos con la actitud valiente de los policías. No les reprochamos a ellos. Pero la comisaría tiene que tener un móvil. Nosotros somos trabajadores, tenemos nuestra empresa, y queremos que nos den seguridad", reclamó Clara a las autoridades.
Asalto, tiroteo y huida
A las 3 del sábado, cinco ladrones redujeron al sereno de una empresa de colectivos, en el kilómetro 32 de la ruta 302, en Ranchillos.
En el paraje El Empalme, los asaltantes cruzaron la ruta, e ingresaron a la vivienda de los Isa, dueños de la empresa de colectivos.
Maniataron a los cinco mayores que estaban en la vivienda. Los hombres fueron golpeados. Los tres menores, en tanto, seguían durmiendo.
El sereno logró desatarse y dio aviso a los vecinos. Uno de ellos fue hasta la comisaría, porque no había móvil policial.
Un tiro disparado sin querer por un vecino alertó a los ladrones, y al salir se enfrentaron en un tiroteo con los policías, y escaparon.
El tiroteo había terminado, porque los policías se quedaron sin balas. Los asaltantes huyeron por un camino que conecta a la ruta 9.





