11 Noviembre 2009
Se dice que los chicos argentinos son sedentarios, y basta verlos pasar horas y horas de la televisión o de la computadora para convencerse de ello. Sin embargo, el patrón de actividad física de los menores en la Argentina era hasta ahora un misterio por develar. Un reciente estudio, cuyos resultados fueron dados a conocer días atrás, muestra que los chicos argentinos se mueven poco. No tan poco como se pensaba, pero que aún así esa cuota de movimiento no es suficiente como para contener el avance de la epidemia de obesidad que afecta a todo el mundo, incluida la Argentina.
Justamente, el estudio realizado en 312 chicos de 11 y 12 años, pertenecientes a unas ocho escuelas de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense, halló que el 26,3% tenía sobrepeso, mientras que un 7,4% padecía obesidad. Sólo 59,6% de la muestra presentaba un peso corporal adecuado a la edad y talla (un 6,7% adicional tenía bajo peso). Con ese dato inicial en mente, los investigadores se propusieron investigar cuáles eran los patrones de movimiento que daban lugar a esos trastornos del peso corporal.
Mediciones
"Más allá de la hipótesis de que los chicos son sedentarios, conocíamos poco acerca de cómo se mueven. Los estudios al respecto nunca se basaban en mediciones del movimiento", comentó el médico Sergio Britos, ex director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), que llevó adelante el estudio con la técnica llamada acelerometría. "Esta consiste en colocarle a los chicos un acelerómetro (dispositivo del tamaño de un teléfono celular que se coloca en la cintura) y que registra los movimientos que realiza el chico -explica Britos-. El chico sólo se lo saca para bañarse y para dormir. Nos permite tener un seguimiento minucioso de la intensidad de los movimientos que realiza, que luego se puede traducir en gasto calórico."
¿Qué descubrieron mediante este método? "La hipótesis se ratifica: los chicos tienden a realizar movimientos de muy baja intensidad, y en especial son más sedentarios durante los fines de semana -respondió Britos-. Sin embargo, en promedio, tenían unos 108 minutos de actividad física de moderada a vigorosa cuando la recomendación de la OMS es realizar al menos 60 minutos".
"Otro hallazgo -dijo el especialista en nutrición infantil- fue que tanto en los recreos como en las clases de actividad física los chicos son poco activos. Las clases de ejercicios físicos en la escuela deben aportar el 50% del tiempo que los chicos diariamente dedican a la actividad, pero el estudio reveló que sólo aportan un 30% de ese tiempo. Las clases son oportunidades perdidas de movimiento".
Justamente, el estudio realizado en 312 chicos de 11 y 12 años, pertenecientes a unas ocho escuelas de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense, halló que el 26,3% tenía sobrepeso, mientras que un 7,4% padecía obesidad. Sólo 59,6% de la muestra presentaba un peso corporal adecuado a la edad y talla (un 6,7% adicional tenía bajo peso). Con ese dato inicial en mente, los investigadores se propusieron investigar cuáles eran los patrones de movimiento que daban lugar a esos trastornos del peso corporal.
Mediciones
"Más allá de la hipótesis de que los chicos son sedentarios, conocíamos poco acerca de cómo se mueven. Los estudios al respecto nunca se basaban en mediciones del movimiento", comentó el médico Sergio Britos, ex director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), que llevó adelante el estudio con la técnica llamada acelerometría. "Esta consiste en colocarle a los chicos un acelerómetro (dispositivo del tamaño de un teléfono celular que se coloca en la cintura) y que registra los movimientos que realiza el chico -explica Britos-. El chico sólo se lo saca para bañarse y para dormir. Nos permite tener un seguimiento minucioso de la intensidad de los movimientos que realiza, que luego se puede traducir en gasto calórico."
¿Qué descubrieron mediante este método? "La hipótesis se ratifica: los chicos tienden a realizar movimientos de muy baja intensidad, y en especial son más sedentarios durante los fines de semana -respondió Britos-. Sin embargo, en promedio, tenían unos 108 minutos de actividad física de moderada a vigorosa cuando la recomendación de la OMS es realizar al menos 60 minutos".
"Otro hallazgo -dijo el especialista en nutrición infantil- fue que tanto en los recreos como en las clases de actividad física los chicos son poco activos. Las clases de ejercicios físicos en la escuela deben aportar el 50% del tiempo que los chicos diariamente dedican a la actividad, pero el estudio reveló que sólo aportan un 30% de ese tiempo. Las clases son oportunidades perdidas de movimiento".
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