13 Agosto 2009

Cada año, la Tierra atraviesa elrastro de pequeñas partículas dejado por el cometa Swift-Tuttle. Esta vez, entre el 11 y 13 de agosto, nos sumergimos en la parte central de dichanube, lo que produjo una lluvia de estrellas fugaces conocidas como Perseidas o Lágrimasde San Lorenzo.
A la madrugada, entre las 3 y las 6, se produjo el máximo de actividad del fenómeno. Lamentablemente, desde la capital fue difícil visualizar los meteoros debido a la contaminación ambiental y lumínica, explicó Alberto Mansilla, director del Observatorio Astronómico de Ampimpa.
El experto detalló también que la Luna en cuarto menguante dificultó la observación. Para la contemplación de las Perseidas -llamadas así porque proceden de la constelación de Perseo- no fueron necesarios los binoculares, puesto que en las zonas rurales se observaron a simple vista.
Científicamente, lo que conocemos como estrellas fugaces no son otracosa que meteoros: partículas de polvo de tamaño variable que loscometas van dejando a lo largo de su órbita mientras giran alrededordel Sol.
Compuesto por hielo y rocas, el núcleo de un cometa secalienta cuando se acerca a una estrella,formándose una débil atmósfera alrededor del mismo, que recibe elnombre de cabellera. Cuando el cometa se va aproximando al Sol,el viento solar azota esa parte y se genera la característica cola, quepuede llegar a alcanzar longitudes de millones de kilómetros.
En contadas ocasiones se da la circunstancia de que la Tierra entra encontacto con la órbita de un cometa y los restos de partículas dejadospor éste se desintegran al penetrar a nuestra atmósfera. Elresultado son las llamadas lluvias de estrellas.
Las imágenes que acompañan esta nota muestran cómo se vivió la noche de las perseidas en todo el planeta. LA GACETA ©
A la madrugada, entre las 3 y las 6, se produjo el máximo de actividad del fenómeno. Lamentablemente, desde la capital fue difícil visualizar los meteoros debido a la contaminación ambiental y lumínica, explicó Alberto Mansilla, director del Observatorio Astronómico de Ampimpa.
El experto detalló también que la Luna en cuarto menguante dificultó la observación. Para la contemplación de las Perseidas -llamadas así porque proceden de la constelación de Perseo- no fueron necesarios los binoculares, puesto que en las zonas rurales se observaron a simple vista.
Científicamente, lo que conocemos como estrellas fugaces no son otracosa que meteoros: partículas de polvo de tamaño variable que loscometas van dejando a lo largo de su órbita mientras giran alrededordel Sol.
Compuesto por hielo y rocas, el núcleo de un cometa secalienta cuando se acerca a una estrella,formándose una débil atmósfera alrededor del mismo, que recibe elnombre de cabellera. Cuando el cometa se va aproximando al Sol,el viento solar azota esa parte y se genera la característica cola, quepuede llegar a alcanzar longitudes de millones de kilómetros.
En contadas ocasiones se da la circunstancia de que la Tierra entra encontacto con la órbita de un cometa y los restos de partículas dejadospor éste se desintegran al penetrar a nuestra atmósfera. Elresultado son las llamadas lluvias de estrellas.
Las imágenes que acompañan esta nota muestran cómo se vivió la noche de las perseidas en todo el planeta. LA GACETA ©