01 Jun 2013
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Gentileza de bienestar.salud180.com

Con mucha frecuencia leemos sobre celebridades y su actitud compulsiva y adicta respecto de lo sexual. Menos común es la referencia al problema situado en las antípodas: el de las personas que hacen todo lo posible por evitarlo.

El llamado "trastorno por aversión al sexo" se parece mucho a una verdadera fobia. Se caracteriza por el rechazo y la evitación activa del contacto sexual, y la ansiedad y el temor frente a las situaciones sexuales. Algunas personas presentan incluso una repulsión por todo estímulo de tipo sexual, aunque sea "indirecto" (un simple beso, por ejemplo).

Y pueden experimentar angustia e incomodidad ante la sola referencia a lo sexual o frente a cualquier sensación, emoción o pensamiento erótico. El malestar que provoca esta disfunción se agrava cuando la persona está involucrada en una relación estable, ya que genera insatisfacción y conflictos permanentes en la pareja.

Estrategias de evitación

Los sexofóbicos hacen todo lo posible para evitar el sexo y también para escapar de las situaciones donde resultaría difícil evitarlo. Los que están en pareja -a menudo de manera inconciente- llegan a volverse maestros en excusas y subterfugios: se declaran siempre cansados o enfermos (el popular "me duele la cabeza"); se dan largos baños y esperan a que el otro esté dormido para aparecer en el dormitorio; pasan mucho tiempo hablando por teléfono o en la computadora; se concentran en la TV; facilitan que los chicos se instalen en la cama matrimonial, o se mudan al cuarto de ellos porque "tienen miedo" o "no se duermen", etc. Es frecuente también que se vuelquen en exceso a actividades familiares, sociales y laborales, y así reduzcan al mínimo los momentos a solas en pareja.

Algunos logran disuadir al otro de intentar un acercamiento volviéndose poco atractivos o deseables (ganando peso, descuidando la forma de vestir o la higiene; fumando compulsivamente, etc.).

Los que están solteros también se ven en la necesidad de desarrollar estrategias para evitar potenciales compañeros/as sexuales. Es que siempre aparece alguien dispuesto a "engancharlos", amenazando su tranquilidad. Suelen ser muy tímidos y poco hábiles en lo social. No es extraño, por ejemplo, que se refugien devotamente en grupos religiosos, para así poder disfrazar su rechazo bajo preceptos morales o dictados por la religión. Otro buen recurso para proteger la abstinencia sexual consiste en enamorarse todas las veces de personas que por algún motivo no están disponibles.

Si no queda otra…

Evidentemente, esquivar el sexo no es tan sencillo para los que están en pareja: tarde o temprano, y hasta por temor a perder al otro o ser engañados, se verán obligados a ceder. Y cuando están ya en la situación sexual, el monto de ansiedad varía desde lo moderado y manejable hasta el malestar psicológico extremo, que puede llegar al ataque de pánico (palpitaciones, sudoración, sensación de ahogo, opresión en el pecho, miedo a morir, etcétera). No es raro que la iniciativa del compañero/a deba sofocarse frente a semejante cuadro.

Aunque a veces el sexofóbico logra finalmente relajarse y pasarla bien, no disminuye luego -basado en esta experiencia positiva- su conducta evitativa. Algunos hacen el esfuerzo de desconectarse de lo erótico para poder mantener a raya la ansiedad. Otros intentan disfrutar al menos de la intimidad con la pareja durante la relación sexual. Pero están los que se sienten usados, lo cual les genera una gran hostilidad. Más de uno se limitará, sencillamente, a soportar la situación esperando que termine lo antes posible.

Causas

Las causas más frecuentes de la aversión sexual tienen que ver con una actitud sumamente negativa y temerosa hacia la sexualidad. Esta puede obedecer a un aprendizaje en la infancia, plagado de mensajes adversos, creencias erróneas, tabúes y culpa. Asimismo, una historia de incesto, abuso u otro tipo de violencia sexual puede desencadenar el rechazo (incluso después de un período de promiscuidad). Por otra parte, las presiones constantes por parte de la pareja para realizar algún tipo de actividad sexual no deseada, pueden conducir a que una persona se incline a la anorexia sexual.

Influyen también para el desarrollo de este trastorno los problemas de identidad de género, ya que producen sentimientos de confusión o la aparición de conductas que luego pueden ser vividas como inaceptables. Este cuadro puede remitir mediante un tratamiento similar al que se lleva a cabo con otro tipo de fobias. El proceso se orienta fundamentalmente a que el consultante logre abrirse, y desarrollar la autoconfianza y el interés por el sexo.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.