El sexo y la rutina
No es infrecuente que hombres y mujeres que llevan años de pareja estable sientan que en su vida sexual las cosas ya no son como antes. Es decir, como eran al principio de la relación, cuando el deseo estaba a flor de piel y el estar juntos constituía una de las formas más buscadas para expresar el amor. El sexo estaba muy lejos de ser un deber y nadie ponía excusas para zafar de los encuentros. Por el contrario: hacer el amor era siempre excitante.
Lamentablemente, la rutina de todos los días, las demandas laborales y familiares, el estrés, el cansancio, el deterioro de un cuerpo al que se conoce de memoria y hasta la ilusión de ya tener "la vaca atada", suelen conducir a una especie de letargo sexual, que lleva a actuar de manera predecible y automática.
Por eso uno de los principales temores de las personas cuando se embarcan en una relación es no lograr recrear la pasión a lo largo del tiempo. Hay mucha literatura de "autoayuda" que busca auxiliar a las parejas en este sentido. Una de las más conocidas obras fue, por los 80, "Cómo hacer el amor con la misma persona por el resto de su vida (y con el mismo entusiasmo)", de la sexóloga sueca Dagmar O'Connor. El libro buscaba desmitificar la creencia -todavía vigente- que sostiene que "el paso del tiempo conduce, necesariamente, a que el sexo en la pareja se vuelva aburrido".
Se trata de una suposición a tal punto arraigada que, para muchos, la monotonía sexual es el precio que se debe pagar para tener una relación estable.
Todo se transforma
Si nos pensamos a nosotros mismos hace diez o veinte años es probable que, aunque nos reconozcamos -gracias al llamado sentimiento de "identidad"-, también veamos cuánto hemos ido cambiando, en más de un sentido. Tal vez en ese momento comíamos cosas que hoy preferimos evitar o hacíamos un tipo de actividad física que ya hemos abandonado. No sería raro que recordemos habernos frecuentado mucho con alguna persona que hoy sólo vemos de vez en cuando. O que advirtamos que por entonces no figuraba quien hoy ocupa un lugar central para nosotros. Con toda seguridad, hemos ido variando la manera de pasar la noche del sábado o la mañana del domingo. Del mismo modo, los asuntos que hoy nos desvelan no tenían ninguna importancia para nosotros en otros tiempos. Y por el contrario, habremos destinado mucha energía a lo que actualmente no nos interesa demasiado.
Estos y otros cambios en nuestras conductas, intereses y costumbres, revelan la transformación permanente que acontece en todo espíritu humano, según pasan los años.
¿Y el sexo?
Sin embargo, en el plano sexual no siempre se manifiesta, al tiempo que avanza la vida, el mismo dinamismo que emerge en el resto de las áreas vitales. Es curioso: podemos comprar ropa nueva porque la que tenemos ya no se usa, cambiar el corte de pelo, la casa, el trabajo, el auto, la televisión vieja por el plasma y el celular cada seis meses… pero el sexo: casi de la misma forma, el mismo día de la semana, a la misma hora, en el mismo lugar, con variantes también predecibles en aniversarios y ocasiones especiales.
Por supuesto que no es el único destino de las parejas que perduran. A este respecto y con gran sabiduría supieron advertirlo los sexólogos pioneros William Masters y Virginia Johnson: "Si uno pone en el sexo una actitud y una calidad refinada; si en lugar de imaginar el sexo como un mecanismo automático, como algo que uno hace o se hace hacer, lo imagina como la expresión de lo que uno es en ese momento, de lo que siente, de la hora, su humor, del lugar y las circunstancias, ¿cómo podría ser aburrido?".