Polos opuestos
¿Cuántas películas románticas narran la historia de un hombre obsesivo y controlado que se enamora de una chica espontánea e impredecible que lo desestructura? Como ésta, cientos de expresiones socioculturales alimentan el mito de que "los polos opuestos se atraen y se complementan". Creencia bastante extendida que ha sido, sin embargo, cuestionada por muchos de los expertos en vínculos de pareja.
El psicólogo sudafricano Arnold Lazarus, por ejemplo, postula que la atracción entre personas muy diferentes resulta mutuamente placentera y fascinante en los primeros tiempos, cuando esta complementariedad tiende a neutralizar algunas de sus propias fallas y carencias. Pero al mismo tiempo advierte sobre las altas probabilidades de que, a largo plazo, aparezcan las luchas por el poder y el enfrentamiento, sobre todo en aquellos casos donde la discrepancia es extrema. Es lo que ocurre cuando una persona muy sociable se encuentra conviviendo con un amante de la soledad y el silencio. O cuando alguien intenso y apasionado se enamora del que tiene un impulso sexual bajo. Y qué decir de la dupla avaro/pródigo. No es descabellado imaginarla en permanente conflicto.
Dios los cría…
Al parecer, no es que las similitudes lleven a las personas a unirse, sino que el ser distintos es lo que los aleja. A todos nos ha pasado perder interés en alguien que inicialmente nos resultó atractivo, pero que luego de conversar un rato lo sentimos demasiado ajeno a nuestro mundo.
Por supuesto que las personas podemos ser parecidas -y diferentes- en muchos aspectos. De hecho siempre que se forma una pareja se produce un fenómeno "transcultural", encuentro de las costumbres y valores de las respectivas familias de origen. Por otra parte, la teoría Marte-Venus defiende la idea de que hombres y mujeres tienen características psicológicas tan diversas que parecen provenir de planetas distintos. Y desde un punto de vista ontológico, no hubo -ni habrá- dos seres humanos iguales.
Pero es evidente la importancia de que existan coincidencias en ciertas cuestiones básicas, al menos si se pretende que la pareja perdure: proyecto vital, escala valorativa, expectativas respecto de la relación, sistema de creencias, filosofía de vida.
Al mismo tiempo, algunas semejanzas pueden ser muy nocivas. Es lo que puede pasar cuando dos personas comparten antecedentes en extremo problemáticos: padres alcohólicos, madres depresivas, violencia doméstica, abuso sexual. Lamentablemente, aunque al comienzo de la relación los invada una sensación de reconocimiento y aceptación, el pronóstico para el vínculo no es muy auspicioso: es probable que ninguno esté preparado para lidiar con las necesidades emocionales del otro. En este sentido, los que tienen antecedentes conflictivos suelen sanar mejor sus heridas cuando eligen compañeros que provienen de hogares felices.
Parejas desparejas
Es frecuente encontrar que buena parte de los conflictos en una pareja obedecen al choque de rasgos de personalidad absolutamente disímiles: introvertido/extravertido, planificador/improvisador, racional/sentimental, controlado/espontáneo. Es más probable que estas "parejas desparejas" se sostengan en el tiempo, funcionales y con un alto grado de satisfacción, a pesar de estas diferencias (más que gracias a ellas). O porque ambos son -o se sienten- parecidos en otros aspectos que consideran importantes.
Por lo general, cuanto más alta es la autoestima de una persona, es más dable que elija un partener que se parezca a sí mismo. Y no es raro que quien se siente incómodo consigo se vea atraído por el que tiene características opuestas.
Puede ocurrir en familias muy rígidas, que uno o más de sus miembros hagan elecciones de pareja poco convencionales con el objetivo -inconciente- de flexibilizar el sistema, de ponerlo a practicar la tolerancia y la aceptación de lo diferente.
Es un hecho que lo demasiado parecido puede terminar por resultarnos sospechosamente endogámico, además de aburrido. Es que todos -aunque a veces nos frene el miedo- estamos habitados por una fuerza interna que nos empuja a cambiar, a crecer y a desarrollarnos. Es difícil que esto ocurra si sólo nos vinculamos con clones. Y es en la relación de pareja donde se nos presenta, de un modo muy especial, la oportunidad de expandir nuestras almas y evolucionar.