Disfunciones sexuales
Según los medios de comunicación, tener una vida sexual altamente satisfactoria es lo más común del mundo. Los programas de televisión, la publicidad, las películas y las declaraciones de la farándula se encargan de que creamos eso. Como si una sexualidad activa, placentera y sin dificultades fuera algo dado y de manera natural, a la inmensa mayoría de las personas.
Pero la realidad y los estudios científicos revelan otra cosa: lo elevado que es el porcentaje de hombres y mujeres que presentan algún tipo de problema para disfrutar de la actividad sexual. Afortunadamente, en las últimas décadas la ciencia ha destinado muchos estudios a la descripción, evaluación y tratamiento de estos problemas. Fruto de haberse despojado ella misma de tabúes y represiones al respecto, además de intentar responder a la demanda creciente de una sociedad cada vez más interesada en aumentar sus conocimientos sobre sexualidad y mejorar en este sentido su calidad de vida.
La respuesta sexual
Nuestro organismo responde a la excitación sexual -lo que se denomina "respuesta sexual humana"- en cuatro grandes fases: deseo, excitación, orgasmo y resolución. Las llamadas disfunciones sexuales son alteraciones que afectan la aparición o el desenvolvimiento adecuado de alguno/s de estos momentos (y en consecuencia, de los siguientes).
En los hombres, las más frecuentes son la eyaculación precoz y la disfunción eréctil. En el caso de las mujeres, los problemas se centran en la falta de interés en el sexo y las dificultades para excitarse y llegar al orgasmo.
Se trata de bloqueos que pueden haber existido siempre, sin mejoras (como ocurre con las mujeres que nunca experimentaron un orgasmo). O que aparecen luego de un período de tiempo en que la función se desarrolló sin inconvenientes. Algunos, asociados a una determinada situación o aspecto de la relación sexual, o a una persona en particular (el caso de quienes perdieron el deseo sexual con respecto a su pareja, pero no a otros).
Causas mixtas
Las causas de los trastornos sexuales son siempre mixtas -orgánicas y psicológicas- con una proporción variable, que puede marcar el predominio de un factor sobre el otro. Porque incluso cuando el origen aparezca como puramente orgánico, de inmediato se generan en la persona -y en su pareja- reacciones psicológicas que pueden colaborar al mantenimiento del síntoma o al desarrollo de otro, también sexual.
Lesiones o enfermedades como la hipertensión arterial, el infarto de miocardio, la diabetes, la artritis, la esclerosis múltiple, entre muchas otras, se encuentran entre las causas biológicas o médicas del desarrollo de muchas alteraciones en la respuesta sexual. Lo mismo que las secuelas de las intervenciones quirúrgicas asociadas, que no son sólo físicas, sino también psicológicas: en el primer tiempo después de un bypass, la persona puede sentir, por ejemplo, temor a estornudar; no digamos a tener relaciones sexuales.
Aquí se inscriben los efectos que producen las sustancias que accionan sobre el sistema nervioso y su capacidad de responder de manera adecuada en lo sexual: alcohol, anfetaminas, cocaína, opiáceos, sedantes, hipnóticos, ansiolíticos. Lo mismo que los fármacos usados en tratamientos hormonales, los antihipertensivos, los antihistamínicos, algunos antidepresivos, etc.
Lo que aparece como "desajustado" puede estar relacionado con la etapa evolutiva de la persona. El adolescente, por ejemplo, es prácticamente un eyaculador precoz, así como en los adultos mayores suelen aparecer las dificultades eréctiles, o es común que una mujer que acaba de tener un bebé no tenga deseo sexual.
De igual modo el estrés y la angustia que acompañan a ciertas experiencias difíciles -tales como el desempleo, los problemas económicos, la infertilidad, la muerte de una persona querida- hacen sentir su efecto también a nivel sexual.
Mal aprendizaje
A nivel psicológico, la falta de formación sexual y la información inadecuada predispone especialmente a la aparición de disfunciones (y a no pedir ayuda), porque llevan a que se instalen creencias erróneas en torno a la sexualidad. Son los llamados "mitos sexuales": "todo hombre debe saber cómo dar placer a una mujer"; "el hombre no puede decir que no al sexo", "la mujer que tiene la iniciativa es una inmoral"; "es imposible quedar embarazada la primera vez", por citar unos pocos de los miles que aún circulan. Están presentes de manera más o menos implícita en el discurso de no pocos padres y educadores, y sostenidos por la sociocultura en general desde diferentes lugares. Y son distorsiones que tienen un efecto psicológico negativo porque siempre generan confusión, temor, ansiedad, vergüenza y culpa.
Lo mismo ocurre con una mal entendida educación moral y religiosa, en los muchos casos en que ésta ha negado o desvalorizado la vida sexual, asociándola a un aspecto "degradante", "sucio" e "impuro" del ser humano, conectado exclusivamente con la reproducción y condenado cuando se orienta al placer.
Los modelos paternos muy inadecuados, que presentan al niño o adolescente una manera de vincularse enferma e infeliz, con la cual debe identificarse, influyen negativamente en la construcción de su sexualidad.
Por su parte, las experiencias sexuales traumáticas durante la infancia o adolescencia (abuso por parte de adultos, violencia y castigos intensos por juegos y conductas sexuales de autoexploración, etc.), llevan a que los chicos crezcan asociando la actividad sexual con el dolor, el daño, el miedo, el secreto y todo aquello por lo que hay que sentirse culpable y avergonzarse.
El vínculo
Es posible que la aparición de estas dificultades en uno o ambos miembros de la pareja, sea la forma en que el cuerpo expresa lo que no están diciendo sobre el vínculo: que están alejados afectivamente, que la comunicación es deficiente, que falta intimidad, que no han superado el enojo por un episodio de infidelidad, que se sienten poco valorizados o reconocidos.
El síntoma es a veces una forma indirecta de rebelarse contra la pérdida de atractivo físico del otro: muchos hombres y mujeres se abandonan, ganando un peso excesivo, descuidando su aspecto y hasta su higiene, como si no advirtieran la importancia de estas cuestiones en relación al deseo.
Una vida sexual gratificante y plena no es privilegio de unos pocos. Ni es algo dado ni improvisado, sino que se construye. Por eso no es raro que a lo largo de este proceso aparezcan obstáculos y retrocesos. Y más de una vez es bueno pedir ayuda. En éste -como en tantos otros temas- nadie nace sabiendo.