Sexo y postparto

30 Mar 2013
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Gentileza de www.gopixpic.com

El nacimiento de un bebé es el hecho más maravilloso y bendito para una familia. Sin embargo -y aunque ocurra en el contexto más ideal y favorable- implica en muchos casos una fuerte crisis para la pareja. Y es que la escena familiar se modifica ostensiblemente: prioridades, horarios, rutinas, salidas y un largo etcétera quedan supeditados a los ritmos y demandas del pequeño nuevo integrante (a quien con mucha razón Freud supo bautizarlo "Su Majestad, el Bebé").

Esta crisis -parte de la normal evolución de una relación de pareja- produce entonces cambios de variada intensidad y a diferentes niveles, a los que es necesario adaptarse. En este sentido, la sexualidad es una de las dimensiones que más impacto recibe a causa de este acontecimiento. Sobre todo durante las semanas posteriores al parto o la cesárea, en las que el cuerpo materno vuelve lentamente a su estado pregestacional. Es el llamado "postparto" o "puerperio", o en el lenguaje común "cuarentena", en alusión al tiempo aproximado de su duración (cuarenta días).

Disminución del deseo

Con frecuencia se produce el descenso del deseo sexual de la mujer que se encuentra transitando este período. De hecho, la reiniciación de la actividad sexual suele ser muy lenta. Esto es a veces muy frustrante para los varones, sobre todo cuando malinterpretan la falta de ganas por no estar debidamente informados sobre las implicancias del estado físico y psicológico de la mujer.

La episiotomía -incisión quirúrgica que se realiza en el momento del parto para agrandar la abertura vaginal y facilitar la salida del bebé- provoca por un tiempo relaciones dolorosas y molestas, lo mismo que la herida abdominal en el caso de una cesárea. La falta de sueño, el descanso interrumpido y lo abrumantes que pueden ser las tareas de madre a tiempo completo, también juegan un papel importante en el desgano de la mujer.

Desde un punto de vista médico -el cual tal vez difiere del de uno subjetivo- las relaciones sexuales pueden reanudarse cuando ha cesado la hemorragia y han curado las heridas. Esto ocurre de dos a cuatro semanas después del parto. De cualquier manera, es importante tomar conciencia de que lo sexual puede encontrar muchas formas placenteras de expresión: aquellas parejas que son flexibles a este respecto sufren menos los obstáculos del puerperio.

Por otra parte, entre un 50 y 80 por ciento de las mujeres padecen un trastorno psíquico denominado "depresión postparto", el cual, como toda depresión, incluye entre sus síntomas la disminución del interés sexual. Por suerte en la mayoría de los casos se trata de un proceso benigno y transitorio, que aparece 3 o 4 días después del parto y dura unos 10 días. Son momentos de mucha vulnerabilidad para la reciente madre, donde se vuelven muy necesarios el apoyo y la comprensión del compañero.

Lactancia materna

Muchas mujeres viven la lactancia como algo placentero y gratificante, tanto física como afectivamente. Otras, en cambio, se sienten doloridas y molestas, confundidas ante la nueva funcionalidad de una parte del cuerpo tan involucrada en lo sexual, tan representativa de la femineidad.

Algo parecido les ocurre a los varones: no son pocos los que empiezan a sentir una especie de "respeto" por la fuente de alimento de su hijo, por lo que les cuesta incluirla como antes en los encuentros sexuales. Sin embargo, estudios han demostrado que las mujeres que amamantan a sus hijos recuperan la plenitud de su interés sexual con más rapidez que las que no lo hacen.

Por último, el temor a un nuevo embarazo puede hacer que la mujer sofoque el deseo de reiniciar la vida sexual, por lo que debe ser informada respecto de las alternativas de anticoncepción. En este punto, debe desterrarse la creencia de que durante el amamantamiento no tiene lugar la ovulación. Esto no es así, de hecho la ovulación está sujeta a muchas variables.

A ambos miembros de la pareja puede resultarles difícil -en un primer momento- integrar la madre y la mujer. Al igual que desempeñar su rol de padres, sin ser tomados completamente por el mismo. El varón en particular, llega a sentirse dejado de lado, rechazado y hasta "invisible". No se equivoca del todo: ya el viejo Freud hablaba de un verdadero romance entre la madre y el recién nacido, pero inhibido en su meta sexual.

Constituye un gran desafío para los adultos el ir recuperando de manera paulatina ese espacio único y exclusivo de la pareja. Se trata de un logro saludable y fundamental, que redunda en múltiples beneficios para los grandes y los chicos.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.