Romances de oficina

02 Mar 2013
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Gentileza de http://www.imujer.com/

Aunque tradicionalmente se ha pretendido ignorarlos o juzgarlos inapropiados, los romances en el ámbito laboral han ocurrido siempre. La negación de esta realidad tan cotidiana obedece a una fuerte tendencia: la de considerar a la sexualidad como un compartimento separado del resto de las áreas vitales, prácticamente restringido a los límites del dormitorio. De ahí que sea tan común calificar la actitud asexual adoptada por algunos en el trato como una prueba de su profesionalismo.

Pero lo cierto es que el trabajo es uno de los grandes escenarios donde transcurre nuestra vida. Para bien o para mal, allí pasamos la mayor parte del día, en interacción permanente y a veces muy cercana con otras personas. Por eso no es raro que en ese contexto afloren con frecuencia los deseos sexuales.

Los porqués

El hecho de que surjan tensiones sexuales en el trabajo resulta bastante previsible. Pensemos en un grupo de hombres y mujeres -jóvenes, adultos- conviviendo largas horas, casi toda la semana (a veces en espacios físicos reducidos), compartiendo intereses, persiguiendo objetivos similares y por lo general sometidos a situaciones de estrés.

Por otra parte, en el contexto laboral es normal sentir que se juega gran parte de nuestra autoestima: se pone a prueba nuestra capacidad para la tarea y las habilidades sociales con las que contamos, necesitamos el reconocimiento y la aprobación de los demás, como así también su solidaridad. No es raro entonces que se generen en las personas emociones muy intensas. Y que en varias ocasiones se intente resolverlas o canalizarlas a través de lo sexual.

Por eso, frente a la atracción, la actitud más sana e inteligente desde lo emocional/sexual sería poder reflexionar acerca de su verdadero origen. Con mucha frecuencia, implicarse sexualmente con un compañero de trabajo puede obedecer a cuestiones que no tienen que ver directamente con lo sexual, ni con el amor o el enamoramiento: necesidades emocionales insatisfechas, búsqueda de aceptación, de valoración, de reconocimiento, de poder y hasta de venganza, pueden ser algunas de las motivaciones ocultas, a menudo inconcientes, detrás de la atracción. En otros casos, el affaire es sólo un recurso para lograr sentirse parte de un equipo de trabajo. Y hasta a veces las personas simplemente quieren gratificarse o ponerle algo de emoción a una labor que les resulta aburrida o poco interesante.

También es necesario evaluar el peligro potencial de dar rienda suelta a estos impulsos: en lo personal, en lo familiar y hasta desde el mismo punto de vista laboral. La experiencia enseña que, en más de un caso, lo mejor hubiera sido limitarse a fantasear.

Amor del bueno

A pesar de que los directivos de algunas empresas temen que la relación amorosa entre empleados perjudique su eficiencia, distintos estudios han demostrado que las parejas implicadas en un romance en el trabajo suelen ser más productivas. Al parecer -si están realmente enamorados- es común que se sientan más identificados con su puesto y más satisfechos con su empleo. Además, todos sabemos que muchas -y exitosas- parejas se han originado en este contexto.

Por último, la circulación de energía sexual en este ámbito no tiene por qué ser algo malo, peligroso o nocivo. Reconocida y aceptada -en lugar de negada y temida- esta energía puede ser una expresión más de lo lúdico, de lo creativo y de lo vital. Todos aspectos relacionados positivamente con cualquier tipo de tarea.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.