Por mi culpa
La culpa, junto con la envidia y los celos, es uno de los sentimientos más displacenteros de experimentar. Por eso en las sesiones de psicoterapia, las personas destinan mucho tiempo a hablar de sus dificultades para lidiar con conductas, pensamientos y sentimientos -actuales o del pasado- que consideran inconvenientes, inadecuados, transgresores. O simplemente en contradicción con determinadas normas morales y culturales.
Ese contraste entre lo que se hace y lo que se "debería" hacer, produce mucho malestar y afecta de manera significativa las diferentes áreas vitales de los seres humanos. Y en este debate interno, el sexo tiene un lugar protagónico.
El cuerpo del delito
Ocurre que desde Adán y Eva, el sexo y la culpa tienen un vínculo muy estrecho. Por eso se trata de un binomio tan difícil de desmantelar. Más todavía cuando es realimentado de generación en generación -a menudo de manera inconsciente- a través del discurso familiar. Son los famosos mandatos y prejuicios que tan tempranamente internalizamos. Y que sólo una crisis profunda nos hará cuestionar.
¿No es frecuente acaso mostrar desagrado, enojo y desaprobación cuando un chico, por ejemplo, se toca los genitales con la mayor inocencia? Palabras como "sucio" y "cochino" no faltan en la boca de muchos padres (aún bienintencionados).
¿Cuántos sistemas de creencias asociaron el sexo y el placer a lo impuro? Y como contrapartida inevitable, ¿la virginidad a la pureza? Incluso cierta tradición filosófica, que todavía arrastramos, considera al cuerpo -instrumento de lo erótico- como un lastre que nos impide realizarnos plenamente como seres humanos.
El manejo de la culpa
La culpa es un boomerang: si bien se erige como unos de los medios más efectivos para manipular a los demás, cuando alguien -queriéndolo o no- nos genera culpa, terminamos siempre teniéndole bronca. De alguna manera advertimos que estamos siendo manejados, coartados en nuestra libertad.
Se piensa que las mujeres son más susceptibles a este sentimiento (y por lo mismo más diestras para utilizarlo). De ahí el dicho: "Muéstrame una mujer que no se sienta culpable, y te mostraré un hombre". Aunque es probable que esta tendencia se esté revirtiendo, como muchas otras en relación a las diferencias psicológicas entre varones y mujeres.
Sexo legal
Aún hoy el tema de la culpa sexual puede hacerse presente hasta en el matrimonio, cuando los cónyuges no se han liberado de sus limitaciones y mitos al respecto. De hecho, no son pocos los que se casan -o se ponen de novios- para "legalizar" una vida sexual que de otra manera no se sentirían autorizados a vivir a pleno.
Los psicólogos afirmamos que la culpa sólo nos conduce a más culpa. Por eso es más sano remplazarla por una reflexión sincera y realista acerca de la responsabilidad que nos cabe en cada circunstancia.