El sexo en escena
19 Ene 2013
Últimamente circulan por Internet distintos videos que muestran a algún "famoso/a" en circunstancias eróticas de diversa índole. Lo llamativo no es la filmación casera de estos actos privados -previsible cuando casi todos los celulares tienen cámara- sino el hecho frecuente de que el "corto porno" haya sido lanzado a la red de manera intencional por los mismos protagonistas (más allá de que la intención no sea tanto exhibir, sino más bien sacar partido de ello).
Ocurre que, fuera de estas excepciones, para el común de los mortales imaginarse observados por millones de personas en tal situación de intimidad, se parece mucho a una pesadilla.
Es que la privacidad suele ser una condición importante -entre otras- para que las personas se sientan relajadas y tomen contacto con el placer sexual.
El rol de espectador
Se han estudiado los perjuicios de sentirse observado al hacer el amor. Son muchos los que se desconectan de lo que están viviendo, y una parte de ellos mismos pasa a observar la situación -el espectáculo- desde un lugar crítico y exigente. Como desdoblándose: el cuerpo por un lado, y por otro la mente, que encarna a un público imaginario que aplaudirá con fervor o bajará el pulgar.
Esta vivencia subjetiva se denomina "rol de espectador" y se encuentra en la base de muchas disfunciones sexuales.
¿Cómo relajarse y disfrutar si se está en otra parte, escrutando? ¿Cómo, si las luces del teatro encandilan? Casi imposible. Si hasta los actores más talentosos sufrieron alguna vez de pánico escénico.
El estrés del examen
Algo similar les sucede a quienes enfrentan el acto sexual como un examen, del que saldrán calificados en relación a sí mismos o en comparación con otros eventuales competidores. Está comprobado que el carácter evaluativo de cualquier situación -y en especial si hablamos de erotismo- atenta contra la calidad de su performance.
Tanto al encarnar el "rol de espectador" como al sentirse examinado, el desgaste energético es altísimo. Y el panorama empeora aún más cuando los parámetros empleados se corresponden con expectativas desmedidas, supuestos y creencias erróneas.
Con semejante falta de espontaneidad y de conexión con el presente, es casi seguro que sobrevenga la ansiedad y el temor al fracaso. Es decir: la aniquilación del deseo, la ausencia del placer.
Aquí y ahora
Una disociación no menos frecuente es la de evadirse hacia el propio pasado -o especular sobre la historia del otro- al igual que anticipar el futuro del vínculo. Hábitos mentales que no favorecen su evolución.
Muchos ya lo han dicho: todo lo que ocurre, ocurre en el Ahora. Se trata de un concepto sencillo y profundo, que adquiere especial relevancia en el encuentro sexual.
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