Otro golpe más
Después de una década infame, San Martín pedía a gritos una renovación. La situación deportiva e institucional era desesperante. Se había llegado hasta el fondo. Todos unidos, los hinchas dieron otra muestra más de su incondicionalidad y lograron algo histórico: recuperaron el club. Con el apoyo de más del 80% de los votos (671), los socios eligieron el 18 de diciembre pasado a Emilio Luque como nuevo presidente. Sin embargo, en apenas 191, el supermercadista dio sobradas muestras de que no estuvo nunca a la altura del cargo que le fue encomendado.
Primero se mantuvo distante con el cuerpo técnico que encabezaba Pedro Monzón, a pesar de que el equipo era uno de los líderes de la zona Norte del Argentino A. Luego, en el receso de fin de año, demostró, con la llegada de refuerzos de poca monta, que no tenía urgencias por conseguir el ascenso. Más tarde eligió a Miguel Amaya y, de la mano de las derrotas, comenzó a distanciarse de un plantel que había padecido en sus tripas la transición dirigencial. Si hasta se enfrentó con un grupo de jugadores antes de los partidos "picantes", esos que se debían ganar. Con la eliminación consumada salió a despotricar contra el Gobierno provincial y sus delicadas preferencias futbolísticas a la hora de entregar subsidios. Y como si fuera poco, su verborragia lo llevó a un enfrentamiento mediático con Mario Leito, presidente de Atlético. A esa altura, sus contradicciones eran una constante y los rumores, más que concretos: su personalismo le impidió aceptar que sus decisiones sean sometidas a votación.
Aunque tenía diferencias claras con el resto de la dirigencia, sus intenciones de darle una nueva chance a Monzón terminaron de confirmar lo que muchos sospechaban: no estaba preparado para conducir el club. San Martín era un peso para un Luque condicionado. Descontento desde hacía tiempo, ayer mostró que ni siquiera tiene tacto y dejó a todos en banda. A Carlos Ramacciotti, el DT que él no eligió, a la CD, a la que conoció después de las elecciones, y principalmente a los hinchas, que lo llevaron en andas hasta la presidencia y le aguantaron todas sus equivocaciones.
En medio de este papelón, los encargados de conducir el club tendrán la dura tarea de recuperar la credibilidad perdida, la obligación de olvidar rápidamente a Luque y la necesidad de apostar a la resurrección inminente, esa que el ahora ex presidente ya no podrá prometer más. El tiempo, implacable, nos dejó una huella triste. Pero será él mismo el que nos confirme que Luque nos hizo un favor. LA GACETA ©


